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La paradoja verde: cuando la nube depende de la tierra

A menudo pensamos en el siglo XXI como una era digital, etérea e intangible, definida por «la nube» y los datos. Sin embargo, bajo esta arquitectura virtual yace una realidad geológica ineludible: la digitalización y la transición hacia energías limpias son procesos intensamente materiales. No existe inteligencia artificial sin semiconductores, ni vehículos eléctricos sin baterías de litio, ni transición energética sin el cobre que electrifica nuestras ciudades. Nos enfrentamos a lo que los expertos llaman la «Paradoja Verde»: para salvar el planeta del cambio climático, necesitamos extraer exponencialmente más recursos de él.

Mina de cobre de Toquepala, al sur del Perú. Copper Mine, Southern Peru. Astronaut photograph ISS007‑E‑15222 (International Space Station), NASA; image content provided by M. Justin Wilkinson (Lockheed Martin / Earth Observations Laboratory, Johnson Space Center). https://science.nasa.gov/earth/earth-observatory/toquepala-copper-mine-southern-peru-3869/

Las proyecciones son vertiginosas. Se estima que para alcanzar los objetivos de cero emisiones a mediados de siglo, la demanda de minerales críticos se multiplicará; por ejemplo, la demanda de litio podría crecer decenas de veces y la de cobalto varias veces en escenarios sostenibles. El problema es que los métodos tradicionales de minería ya no son suficientes para seguir este ritmo; desarrollar una nueva mina toma un promedio global cercano a 16 años, y la exploración convencional tiene tasas de éxito muy bajas, con solo una fracción mínima de proyectos que llegan a producción.

El transporte manual de carga en explotaciones a cielo abierto.

Ante este abismo entre oferta y demanda, surge una posible solución transformadora: la integración de la Inteligencia Artificial (IA) con la Geociencia de Datos y la Robótica Avanzada. Esta alianza tecnológica aspira a dar lugar a una «minería invisible», donde los algoritmos predictivos y la automatización no solo pueden acelerar el descubrimiento de nuevos yacimientos con mayor precisión, sino que también permiten optimizar la extracción para hacerla potencialmente más eficiente y sostenible.

La IA como el Gran Geólogo Predictivo

La primera pieza de esta revolución es la Inteligencia Artificial, aplicada específicamente como una herramienta de predicción probabilística. Tradicionalmente, la exploración minera dependía en gran medida de la intuición humana y de muestras físicas limitadas. Hoy, la IA actúa como un «cerebro» capaz de ingerir y procesar volúmenes de información que ningún humano podría abarcar de forma simultánea.

Este mapa mundial titulado «Sitios de Descubrimiento» (Sites of Discovery) ilustra la importancia de los datos obtenidos por la Misión Topográfica de Radar del Transbordador (SRTM). NASA Earth Observatory image by Michala Garrison, using topographic data from the Shuttle Radar Topography Mission (SRTM). https://science.nasa.gov/earth/earth-observatory/treasured-maps-153210/

Esta tecnología no solo analiza datos geológicos actuales, sino que es capaz de estructurar y comprender terabytes de datos históricos «olvidados»: mapas antiguos, informes de campo manuscritos de hace décadas y registros de perforaciones previas. Mediante técnicas de aprendizaje automático (Machine Learning) y modelos estadísticos probabilísticos, la IA correlaciona estos datos con información satelital y geofísica moderna para identificar patrones difíciles de detectar al ojo humano.

El resultado es un mapa de probabilidades: en lugar de perforar a ciegas, los algoritmos señalan zonas con mayor probabilidad relativa de albergar depósitos minerales, reduciendo de manera significativa la incertidumbre. Sin embargo, la IA por sí sola es un motor de análisis; para materializar estos hallazgos, necesita interactuar con el mundo físico.

Cuando el algoritmo dirige al Ttaladro. Del mapa probabilístico a la extracción quirúrgica

Aquí entra en juego la segunda tecnología: la Robótica Avanzada y la Geotecnología Sensorial. Si la IA es el cerebro que predice dónde está el tesoro, estas tecnologías son los «ojos» y «músculos» que ayudan a confirmar y extraer el recurso con menor invasión.

Rover de Perforación Autónomo. By NASA – http://www.nasa.gov/externalflash/moseslake/index_noaccess.html (direct link), Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=7605617

Esta combinación es transformadora porque permite pasar de la prospección bruta a la extracción de precisión. Los sistemas de IA guían a las perforadoras y drones autónomos hacia coordenadas optimizadas. Una vez en operación, entran en juego los Gemelos Digitales: réplicas virtuales funcionales de la mina que se alimentan de sensores en tiempo real.

La sinergia permite simular escenarios complejos. Por ejemplo, antes de que una máquina toque la roca, el gemelo digital puede estimar cómo afectará la dureza del mineral al consumo energético de los molinos, ajustando los parámetros de forma asistida para maximizar la eficiencia. Además, en el transporte, flotas de camiones autónomos operan coordinadas por algoritmos que optimizan rutas para reducir el consumo de combustible y las emisiones, reduciendo la variabilidad humana. No se trata solo de encontrar más mineral, sino de extraerlo «viendo» a través de la tierra antes de romperla.

KoBold Metals: El «Google Maps» de la corteza terrestre

Para entender la magnitud de este cambio, debemos mirar a KoBold Metals, una startup respaldada por figuras como Bill Gates y Jeff Bezos, que se presenta principalmente no como minera, sino como una empresa de «ciencia de datos geológicos».

Mapa Minero del Copperbelt. By Hitzman, M.W., Bookstrom, A.A., Slack, J.F., and Zientek, M.L. – Cobalt—Styles of deposits and the search for primary deposits: U.S. Geological Survey Open-File Report 2017–1155, https://pubs.usgs.gov/of/2017/1155/ofr20171155.pdf, Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=77609148

El desafío de KoBold era encontrar nuevos depósitos de cobre y cobalto en el «Cinturón de Cobre» de Zambia, una región explorada exhaustivamente durante un siglo donde existía la percepción de que ya no quedaba mucho por descubrir. Utilizando su sistema propietario, «Machine Prospector», KoBold alimentó a su IA con datos históricos y geofísicos dispares procedentes de múltiples fuentes que los geólogos tradicionales no habían integrado de forma conjunta.

El resultado fue el descubrimiento del depósito de Mingomba. Mientras que la tasa de éxito tradicional se suele estimar en 1 en 100, la tecnología de KoBold permitió identificar un yacimiento masivo descrito como potencialmente significativo para el suministro futuro de cobre vinculado a la transición energética. La metodología permitió dirigir las perforaciones con una precisión tal que podría contribuir a reducir el impacto ambiental y el coste asociado a las exploraciones fallidas. Este caso demuestra que los recursos no se han agotado, simplemente no habían sido detectados por enfoques de exploración convencionales.

Geopolítica, sostenibilidad y minería urbana

El impacto de esta tecnología trasciende el descubrimiento de yacimientos; está influyendo en debates sobre la geopolítica y la sostenibilidad global. En un contexto donde China controla gran parte del procesamiento de minerales críticos, herramientas como la IA pueden ayudar a otras regiones a acelerar procesos de exploración y a reducir potenciales dependencias estratégicas. En países mineros como Chile o Perú, el uso de IA se está aplicando para mejorar la eficiencia en la identificación de yacimientos en determinados proyectos.

El  concepto de “minería urbana”

Además, la aplicación de la IA se extiende a la gestión ambiental. Empresas como BHP utilizan algoritmos para optimizar el uso del agua en zonas desérticas, contribuyendo a ahorros de gigalitros según reportes corporativos, vitales para las comunidades locales. También emerge la «minería urbana»: el reciclaje de alta tecnología asistido por IA. Empresas como Redwood Materials utilizan tecnologías avanzadas de automatización, visión por computador y robótica para recuperar más del 95% de los materiales críticos de baterías usadas, cerrando el ciclo y reduciendo la necesidad de extracción primaria.

Sin embargo, existe el riesgo de la «Paradoja de Jevons»: que la eficiencia ganada por la IA podría reducir los costes tanto que incentive un consumo aún mayor de recursos, en lugar de disminuirlo.

Hacia una Minería Inteligente y Consciente

La fusión de inteligencia artificial y geociencias plantea una oportunidad histórica: convertir una industria extractiva, a menudo caracterizada como tradicionalmente opaca y agresiva, en una operación de precisión, más transparente y eficiente. La «minería invisible» es un concepto divulgativo que no significa ocultar los problemas, sino utilizar datos para minimizar las cicatrices físicas en el planeta, contribuyendo a optimizar cada gota de agua y cada vatio de energía empleados.

La tecnología por sí sola no resolverá la crisis climática ni los conflictos por los recursos, pero se considera una herramienta relevante para cerrar la brecha entre la oferta de minerales y la demanda de la transición energética. El futuro de nuestro mundo digital depende de nuestra capacidad para extraer lo necesario del mundo físico de manera inteligente. La IA ya se utiliza para orientar decisiones de exploración; ahora depende de nosotros hacerlo con responsabilidad.

Doctor Ingeniero en Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Catalunya y MBA en ESADE

Pere Vila Fumás

Actualmente, es mentor en la adopción de tecnologías de IA en la industria.

Doctor Ingeniero en Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Catalunya y MBA en ESADE. Actualmente es mentor en la adopción de tecnologías de IA en la industria.
Pere Vila Fumas

Doctor Ingeniero en Telecomunicaciones por la Universidad Politécnica de Catalunya y MBA en ESADE. Actualmente es mentor en la adopción de tecnologías de IA en la industria.

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