Mark Zuckerberg no quiere alquilar. Meta quiere construir, controlar y alimentar con energía propia el cerebro que hará funcionar su inteligencia artificial. Esta semana, la empresa anunció Meta Compute, una iniciativa que implica el desarrollo de infraestructura a escala masiva de servidores, centros de datos y suministro energético diseñados a medida para sus modelos de IA.
De servidores a gigavatios
La apuesta no es menor. Meta planea desplegar «decenas de gigavatios» de capacidad computacional durante esta década, con la vista puesta en alcanzar «cientos» más adelante. Para comparar, un gigavatio puede abastecer a una ciudad mediana. Esta infraestructura no solo dará soporte a Llama, su modelo de lenguaje, sino a toda la arquitectura futura de IA generativa, visión por computador y sistemas de recomendación.
El enfoque rompe con la tendencia de depender de servicios de nube externos. En vez de alquilar espacio en la nube de Amazon o Microsoft, Meta quiere su propio mapa, su propia energía y sus propias reglas.
Una ingeniería de control total
La dirección del proyecto combina perfiles técnicos y estratégicos. Santosh Janardhan, responsable de infraestructura, coordina los aspectos operativos. Daniel Gross, ex OpenAI, guiará la estrategia a largo plazo. Y Dina Powell McCormick, nombrada vicepresidenta y vicechair, facilitará alianzas con gobiernos e inversores. El plan no solo se trata de arquitectura técnica, sino de diplomacia corporativa.
En paralelo, Meta ha firmado acuerdos con empresas energéticas como TerraPower y Oklo para garantizar electricidad nuclear estable a largo plazo. Sin energía, no hay IA que funcione. Y Zuckerberg parece querer blindar ese suministro desde la base.
Quién controla la infraestructura, controla la inteligencia
El movimiento llega en un momento donde los gigantes tecnológicos compiten no solo por modelos de IA, sino por la infraestructura que los sustenta. Microsoft invierte en India, Google expande sus centros de datos en EE.UU., y Amazon asegura chips propios. Meta, con Meta Compute, busca no depender de nadie. La clave está en el control de los servidores, del software y de la energía. Quien controle esos tres elementos, tiene la ventaja competitiva en una era dominada por modelos cada vez más costosos de entrenar y operar.
Sombra de preguntas
Meta no ha detallado cuánto invertirá ni en qué plazos. Pero los antecedentes de inversiones en infraestructura apuntan a cifras que podrían superar los 100.000 millones de dólares en la década. Una inversión a largo plazo para un modelo de IA que aún está en construcción.
La red ya no es la nube: es el suelo
Meta Compute marca un cambio de etapa. En los 2000, la promesa era desmaterializar, subir todo a la nube, abstraer la infraestructura. Hoy, la IA regresa al plano físico. Y las grandes tecnológicas no quieren solo crear modelos, quieren ser dueñas del terreno, del cableado y del voltaje que los hace posibles. Zuckerberg lo deja claro: si la inteligencia artificial va a dirigir el futuro de Meta, Meta quiere dirigir la inteligencia artificial desde sus cimientos.