ISE ya no se presenta como una feria que “pasa” por Barcelona, sino como un activo estratégico: un ecosistema audiovisual con vocación de quedarse y dejar huella.
La víspera de que abra sus puertas una nueva edición de Integrated Systems Europe, el director general del salón, Michael Blackman, lanzó una frase diseñada para cristalizar una idea que la ciudad lleva años cultivando: Barcelona es “el corazón de la creatividad y la tecnología”. Lo dijo durante la cena de gala que inaugura oficialmente el congreso, que se celebra del martes al viernes en el recinto de Gran Via.
No es solo retórica institucional. La feria nació en 2004 y durante años fue sinónimo de Ámsterdam; hoy, en cambio, su relato público gira alrededor de la capital catalana y de una alianza que, según los responsables políticos, se consolidó “en los momentos más difíciles de la pandemia”. La cuestión, para la ciudad y para el sector, es qué significa exactamente ese “corazón”: ¿un gran evento anual, o un motor que reordena industria, talento, inversión y cultura tecnológica durante todo el año?
Un crecimiento que ya juega en la liga de los megaeventos
ISE viene de cerrar 2025 con cifras récord: 85.351 visitantes únicos verificados procedentes de 168 países, un salto del 15,5% respecto al año anterior, además de un incremento notable de la asistencia diaria. No es un dato menor: sitúa el congreso audiovisual a distancia de los gigantes del calendario ferial barcelonés y refuerza la percepción de que el evento ha encontrado “tracción” real en la ciudad.
Ese crecimiento es, precisamente, el argumento central del presidente del consejo de administración de Fira de Barcelona, Pau Relat, cuando habla de “crecimiento extraordinario” y de una “alianza estratégica” con la capital catalana. En clave económica, la lógica es clara: cuando un evento sube escalones en tamaño y reputación, su capacidad de arrastre sobre proveedores, hoteles, logística, restauración, servicios creativos y contratación técnica se dispara.
El “legado” como palabra clave: Generalitat y Ayuntamiento alinean el discurso
Si el sector privado celebra volumen y proyección internacional, las instituciones están empujando otra palabra: legado. El conseller de Presidencia, Albert Dalmau, defendió que la relación entre ISE y Barcelona “va mucho más allá de una alianza puntual” y la describió como un “proyecto compartido” que cristalizó en pandemia. Además, subrayó que la colaboración habría contribuido a crear una comunidad local de emprendedores creativos y del ámbito civil, con la ambición de que deje “un legado duradero” en la ciudad.
En la misma línea, la quinta teniente de alcalde, Raquel Gil, reclamó trascender el propio evento para construir un “legado transformador y perdurable” con impacto en industria, emprendimiento y desarrollo económico y social. El mensaje institucional sugiere un giro: ISE no quiere ser solo un imán de visitantes, sino una plataforma que legitime a Barcelona como nodo europeo del audiovisual profesional y de la tecnología aplicada a espacios (eventos, oficinas, retail, educación).
A la cena de gala asistieron también representantes del Gobierno central y del sector: la secretaria de Estado María González Veracruz, el CEO de AVIXA David Labuskes, y el presidente del Parlament, Josep Rull, entre otros. Cuando ese tipo de “foto” se repite año tras año, el evento deja de ser un invitado y se integra en la arquitectura de ciudad.
Por qué Barcelona “encaja” con ISE
La mudanza de ISE a Barcelona se decidió oficialmente para 2021 tras un periodo de análisis y ante el crecimiento continuado del congreso en Ámsterdam, que empezaba a quedarse pequeño para el ritmo de expansión del salón. El traslado se justificó por capacidad, conectividad y proyección internacional, pero también por una lectura de mercado: el audiovisual profesional ya no es un nicho de pantallas y proyectores, sino un “tejido” que atraviesa señalética digital, experiencia inmersiva, producción en vivo, integración IT, ciberseguridad, comunicaciones unificadas y diseño de espacios.
Barcelona, con su combinación de industria creativa, tradición de ferias tecnológicas y una marca urbana muy potente, ofrece a ISE un escenario que comunica “tecnología con estética”, algo que el sector AV necesita para venderse como infraestructura cultural, no solo como catálogo de hardware. La expresión de Blackman (“corazón”) funciona como síntesis: creatividad para el relato; tecnología para el negocio.
ISE sale de los pabellones: drones, pantalla sur y espectáculo como escaparate de capacidades
Una de las novedades más simbólicas de 2026 es que ISE busca “romper” el perímetro de la feria y convertirse, aunque sea por unas horas, en evento urbano visible. Entre el 3 y el 5 de febrero, el congreso ha anunciado espectáculos aéreos de drones en el acceso sur del recinto, a partir de las 18:30, combinando coreografías luminosas, música en directo y apoyo visual en pantallas LED. La cifra —600 drones— no está pensada solo para impresionar: pretende actuar como demostración pública de lo que el audiovisual contemporáneo puede hacer cuando integra datos en tiempo real, control avanzado y narración visual.
La organización detalla además un componente artístico distinto cada jornada. En la noche del martes se suma una actuación de la soprano Anna Slizinova acompañada por violín y piano, y el miércoles el artista visual Jeroen van der Most proyecta su pieza “Excel Heart” en la pantalla del acceso sur durante el show. Es un guiño importante: ISE está diciendo que su industria no es solo tecnología de soporte, sino un lenguaje cultural que puede —y debe— salir al espacio público.
El “efecto ISE”: del evento a la cadena de valor local
Cuando un congreso de este tamaño se estabiliza en una ciudad, el impacto no se limita al turismo de negocios. Empieza a notarse en cuatro capas:
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Cadena de proveedores: montaje, rigging, sonido, iluminación, pantallas, contenidos, traducción, logística, seguridad, producción audiovisual. Muchos servicios que antes se contrataban “fuera” pasan a consolidar músculo local.
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Talento y formación: el audiovisual profesional ya exige perfiles híbridos (IT + producción + diseño + datos). Un evento recurrente genera demanda y, con el tiempo, incentiva programas formativos y especialización.
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Atracción de empresas: expositores y partners prueban Barcelona como hub operativo, no solo como destino ferial. La repetición crea confianza para abrir oficinas, laboratorios o equipos comerciales.
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Marca ciudad: si el relato cuaja, Barcelona no solo “acoge” ferias: se convierte en referencia. Esa es la batalla simbólica detrás de la frase de Blackman.
Aquí el concepto de “legado” que repiten Generalitat y Ayuntamiento funciona como contrato implícito: la ciudad ofrece estabilidad y entorno; la feria aporta proyección, tejido empresarial y una agenda tecnológica que puede irradiar más allá de la semana del evento.
La comparación inevitable: ISE y la carrera por ser capital tecnológica
En Barcelona, cada gran congreso tecnológico acaba comparándose con el Mobile World Congress, por escala y notoriedad. ISE no necesita “ganar” esa comparación para ser estratégico: su ventaja es la especialización. El audiovisual profesional atraviesa sectores que hoy concentran inversión (experiencias inmersivas, retail digital, educación híbrida, eventos, corporate communications), y eso lo convierte en un termómetro de cómo se está diseñando el mundo físico con capas digitales.
En otras palabras: el MWC habla de conectividad y plataformas; ISE habla de cómo esa conectividad se “ve”, se “oye” y se “experimenta” en espacios reales. Esa traducción —del chip a la pantalla, del dato a la escena— es donde Barcelona quiere situarse como referencia europea.
Lo que hay detrás del elogio de Blackman
Cuando un director general de una feria internacional lanza una frase tan redonda como “corazón de la creatividad y la tecnología”, no está haciendo poesía: está reforzando un posicionamiento. La competencia entre ciudades por atraer ferias es feroz y el factor diferencial suele ser intangible: confianza institucional, logística impecable, ecosistema local, capacidad hotelera, conectividad aérea y, cada vez más, una “narrativa” que encaje con el sector.
ISE, por su parte, necesita una ciudad que legitime al audiovisual como industria estratégica, no como accesorio. Barcelona necesita eventos que consoliden su identidad como capital tecnológica mediterránea sin perder su músculo creativo. En ese cruce, la frase de Blackman funciona como titular… pero también como hoja de ruta.