Skip to main content

OpenAI promete anuncios “claramente etiquetados” y separados del chat, pero la pregunta de fondo es otra: ¿qué incentivos crea la publicidad dentro de una conversación?

OpenAI empieza hoy a probar anuncios dentro de ChatGPT, según ha adelantado CNBC y ha recogido The Verge. No se trata de un banner tradicional ni de un “patrocinio” camuflado en la respuesta: la compañía afirma que los anuncios aparecerán en un área separada, debajo del chat, y estarán “claramente etiquetados”. Es un movimiento que marca un antes y un después en la economía del asistente más usado del planeta —y un aviso para todo el sector de la IA conversacional: la monetización publicitaria ya no es un “quizá”, sino un camino que se empieza a recorrer.

De herramienta a plataforma: por qué este cambio importa tanto

Durante dos años, el negocio de los chatbots generalistas se ha contado con una narrativa relativamente simple: suscripción, planes premium y acuerdos empresariales. La publicidad quedaba asociada a redes sociales, buscadores o medios digitales. Pero ChatGPT ha ido ocupando un espacio distinto: el de interfaz universal para preguntar, redactar, decidir, aprender, programar o planificar. Cuando un producto se convierte en hábito, aparece una tentación clásica: financiar el acceso masivo con anuncios.

OpenAI había preparado el terreno el mes pasado con un comunicado oficial donde detallaba su “enfoque” para la publicidad: no lanza anuncios para todo el mundo, sino que testará en “las próximas semanas” con usuarios adultos conectados en EE. UU. en los niveles gratis y Go, y con anuncios al final de la respuesta cuando haya un producto o servicio patrocinado “relevante” para esa conversación.

El paso de hoy, si se confirma la puesta en marcha del test, significa que el plan deja de ser una declaración y entra en fase operativa. Y ahí es donde empiezan las preguntas difíciles.

Qué promete OpenAI: separación, etiquetas y “privacidad”

La arquitectura del formato importa: OpenAI insiste en tres garantías principales.

  1. Separación visual: el anuncio va fuera del texto “orgánico” y en una caja o zona distinta.

  2. Etiquetado claro: el usuario debe poder reconocer sin ambigüedad que está ante un contenido patrocinado.

  3. No influencia en las respuestas: la empresa sostiene que los anunciantes no afectarán el contenido que genera ChatGPT.

Aun así, OpenAI añade un matiz decisivo: los anuncios pueden estar “optimizados” en función de lo “más útil” para el usuario, lo que implica algún tipo de personalización contextual. The Verge lo resume así: conversaciones privadas para anunciantes, pero anuncios adaptados a la utilidad percibida.

Es decir: no sería (solo) publicidad “por perfil”, sino publicidad por intención —una capa muy parecida a la lógica del buscador— pero trasladada a una interfaz donde la intención se expresa en forma de diálogo, con más matices y más información.

¿Quién verá anuncios?

Los reportes indican que el test afectará a:

  • usuarios logueados que usan ChatGPT gratis
  • y quienes pagan el plan Go (el escalón más barato).

La segmentación por plan es un mensaje: la publicidad se convierte en el “peaje” de la gratuidad (y de la cuota baja), mientras los niveles superiores se preservan como experiencia premium sin anuncios.

El negocio: “menos de la mitad” del futuro… pero un pilar nuevo

Según una fuente citada por CNBC, OpenAI espera que la publicidad represente menos de la mitad de sus ingresos a largo plazo.
Esa frase dice dos cosas a la vez: primero, que OpenAI no quiere definirse como una “empresa de anuncios” al estilo Big Tech; segundo, que el volumen potencial es tan grande que aun siendo “menos de la mitad” puede equivaler a miles de millones.

La lógica económica es evidente: si ChatGPT tiene centenares de millones de usuarios semanales (OpenAI dijo en octubre que rondaba los 800 millones de usuarios semanales), incluso una carga publicitaria baja puede generar una nueva línea de ingresos difícil de ignorar.

El contexto competitivo: Anthropic convirtió los anuncios en munición

La publicidad en chats no llega en silencio. Anthropic aprovechó el escaparate del Super Bowl para lanzar un mensaje publicitario (y político): “hay un lugar para los anuncios; una conversación con tu IA no debería ser uno”. Business Insider contó el choque y el tono burlón, y también la reacción de Sam Altman, que tachó la campaña de “claramente deshonesta”.

El choque es interesante porque no es solo marketing. Es un pulso sobre confianza: Anthropic intenta asociar “sin anuncios” a “mejor alineación con el usuario”, mientras OpenAI defiende que puede haber anuncios sin traicionar esa relación, gracias a la separación y a reglas internas.

El verdadero dilema: los incentivos del producto

Aunque los anuncios no “toquen” las respuestas, existe una preocupación estructural: los anuncios cambian el KPI. Históricamente, cuando una plataforma depende de publicidad, tiende a optimizar:

  • tiempo de permanencia
  • recurrencia
  • engagement
  • y, por extensión, diseño persuasivo

OpenAI intenta anticipar esa crítica prometiendo separación, transparencia y controles (por ejemplo, entender por qué ves un anuncio o descartarlo).
Pero el debate no es solo de UI; es de economía política del producto: cuando el inventario publicitario entra, el “producto” deja de ser únicamente el asistente. También es el mercado que conecta intención y oferta.

Wired explicaba el formato con un ejemplo muy cotidiano: pides ayuda para un viaje y podrías ver un anuncio de hotel debajo de la respuesta. Eso suena inocente, pero introduce un efecto secundario: el chat se convierte en un lugar donde la frontera entre ayuda y recomendación debe ser milimétrica.

Un movimiento en semana “caliente”: modelos, agentes y crecimiento

La prueba de anuncios llega, además, en un momento de aceleración de producto. CNBC también menciona un memo interno donde Altman habla de un modelo de chat actualizado “esta semana”, y de que ChatGPT vuelve a crecer a un ritmo superior al 10% mensual.
En paralelo, OpenAI viene de anunciar una versión más avanzada de Codex, reforzando la línea de “agentes” y productividad.

Todo esto encaja: si el crecimiento se sostiene y el coste de servir modelos de última generación sube, diversificar ingresos se vuelve casi inevitable. La publicidad aparece como un multiplicador para financiar escala, especialmente en el tramo gratuito.

Qué cambia para el usuario: la confianza como moneda

OpenAI promete que las conversaciones seguirán siendo privadas “para los anunciantes”, pero el usuario medio no piensa en términos de arquitectura de datos; piensa en términos de sensación: ¿estoy hablando con un asistente o con un canal comercial?

A partir de hoy, el gran reto será cognitivo: que la gente distinga claramente qué parte es “respuesta” y qué parte es “oferta”. Y, sobre todo, que no aparezca la sospecha de que el asistente “empuja” decisiones hacia opciones patrocinadas, aunque técnicamente no lo haga.

Si OpenAI supera ese listón, habrá creado un formato publicitario nuevo y potentísimo: publicidad de intención conversacional. Si falla, habrá abierto una grieta de confianza que sus rivales usarán sin piedad.

Dejar un comentario