Sam Altman confirma la incorporación de Peter Steinberger, fundador de OpenClaw, y anticipa que los sistemas multiagente serán el núcleo de los próximos productos de OpenAI.
OpenAI ha dado un paso decisivo en la carrera por construir asistentes personales capaces de actuar de forma autónoma al incorporar a Peter Steinberger, fundador del proyecto OpenClaw, una de las iniciativas más influyentes en el emergente ecosistema de agentes de inteligencia artificial. La operación, confirmada por el propio Sam Altman, no es solo un fichaje de talento, sino una señal estratégica: la compañía que popularizó ChatGPT está redirigiendo parte de su foco hacia el desarrollo de sistemas multiagente capaces de interactuar entre sí y ejecutar tareas complejas en nombre de los usuarios.
OpenAI mantiene conversaciones avanzadas para integrar a Steinberger y otros perfiles vinculados a este proyecto, considerado uno de los más prometedores en el ámbito de los agentes autónomos. La confirmación de la noticia por parte del propio Altman en la red social X añade una dimensión adicional: no se trata de un experimento paralelo, sino de una línea que “se convertirá rápidamente en el núcleo de nuestros productos”.
La apuesta refleja un cambio estructural en la evolución de la inteligencia artificial. Si la primera fase estuvo dominada por chatbots capaces de responder preguntas, la siguiente se centra en asistentes que pueden actuar. La diferencia es profunda: no se limitan a generar texto, sino que ejecutan acciones, toman decisiones dentro de un marco definido y coordinan múltiples herramientas y servicios digitales.
Peter Steinberger is joining OpenAI to drive the next generation of personal agents. He is a genius with a lot of amazing ideas about the future of very smart agents interacting with each other to do very useful things for people. We expect this will quickly become core to our…
— Sam Altman (@sama) February 15, 2026
El arquitecto de los agentes que no esperan instrucciones
Peter Steinberger no es un nombre casual dentro del ecosistema tecnológico. Programador, emprendedor y creador de productos durante más de una década, ha centrado su trabajo reciente en el desarrollo de sistemas capaces de operar como agentes digitales autónomos. Su proyecto OpenClaw —anteriormente conocido como Moltbot y Clawdbot— ha ganado notoriedad en pocos meses al proponer una arquitectura donde múltiples agentes de IA pueden colaborar entre sí para resolver tareas complejas.
En esencia, la idea rompe con el modelo tradicional de interacción directa entre usuario y sistema. En lugar de pedir una acción concreta y esperar una respuesta, el usuario define un objetivo. A partir de ahí, un conjunto de agentes especializados puede coordinarse para alcanzarlo. Uno puede buscar información, otro sintetizarla, otro generar documentos y otro ejecutar acciones en servicios externos. El resultado es un sistema que actúa más como un equipo que como una herramienta.
Steinberger explicó en su propio sitio personal que su motivación para unirse a OpenAI responde a una convicción clara: el impacto de esta tecnología será mayor si se integra dentro de una plataforma con alcance global. Tras años construyendo empresas, considera que su papel actual es acelerar la adopción de estos sistemas, no dirigir una compañía independiente.
Su incorporación a OpenAI permitirá aplicar estas ideas a escala masiva, integrándolas potencialmente en productos utilizados por cientos de millones de personas.
De chatbot a sistema operativo de acción
La relevancia de este movimiento solo se entiende en el contexto de la evolución técnica de la inteligencia artificial. Hasta ahora, la mayoría de sistemas generativos han operado como interfaces conversacionales. El usuario formula una pregunta, el modelo responde. Esta dinámica, aunque potente, tiene límites claros: requiere intervención humana constante.
Los agentes personales representan una nueva capa funcional. Pueden ejecutar secuencias completas de acciones sin intervención continua. Esto incluye organizar archivos, analizar información, coordinar aplicaciones o ejecutar flujos de trabajo completos.
El concepto de multiagente amplía aún más estas capacidades. En lugar de un único sistema central, múltiples agentes especializados colaboran entre sí. Este modelo permite dividir tareas complejas en componentes manejables, aumentar la eficiencia y mejorar la fiabilidad mediante verificación cruzada entre agentes.
Altman ha sido explícito al señalar que este paradigma será fundamental para el futuro de OpenAI. La visión es clara: la inteligencia artificial dejará de ser una herramienta pasiva para convertirse en un sistema activo capaz de operar en el entorno digital del usuario.
OpenClaw seguirá vivo como proyecto abierto
Uno de los aspectos más relevantes de la operación es que OpenClaw no desaparecerá. Según confirmó OpenAI, el proyecto continuará como software de código abierto bajo una fundación independiente, con apoyo continuo de la compañía.
Esta decisión tiene implicaciones importantes. Por un lado, permite mantener el ecosistema abierto y fomentar la innovación fuera de la empresa. Por otro, refuerza la posición de OpenAI como actor central en el desarrollo de estándares para agentes autónomos.
El modelo open source ha sido clave en el desarrollo de la inteligencia artificial moderna. Permite que investigadores y desarrolladores experimenten, construyan extensiones y contribuyan a mejorar la tecnología. Al mantener OpenClaw como proyecto abierto, OpenAI asegura que la innovación no se limite a su propia infraestructura.
El futuro multiagente: una arquitectura emergente
La idea de sistemas multiagente no es nueva en el ámbito académico, pero su aplicación práctica a escala masiva es reciente. El avance en modelos de lenguaje y capacidades de planificación ha hecho viable su implementación en entornos reales.
En este modelo, cada agente tiene un rol definido. Algunos actúan como coordinadores, otros como ejecutores, otros como verificadores. Esta arquitectura permite abordar problemas complejos de forma modular.
Por ejemplo, un asistente personal basado en este enfoque podría gestionar un proyecto completo: recopilar información, generar documentos, coordinar calendarios, comunicarse con otros sistemas y supervisar el progreso.
El impacto potencial es comparable al de la introducción de los sistemas operativos gráficos en los años ochenta o la aparición de los smartphones en la década de 2000. Cambia la forma en que los usuarios interactúan con la tecnología.
Competencia estratégica en el ecosistema de agentes
El fichaje de Steinberger también se produce en un contexto de competencia intensa entre grandes empresas tecnológicas. Meta, Google y Anthropic están invirtiendo fuertemente en el desarrollo de sistemas autónomos.
La carrera no es solo tecnológica, sino estratégica. Quien controle la capa de agentes personales tendrá una posición privilegiada en el ecosistema digital. Estos sistemas pueden actuar como intermediarios entre el usuario y los servicios digitales, redefiniendo la relación entre personas y software.
OpenAI, que ya lidera el mercado en modelos generativos, busca consolidar esta posición extendiendo sus capacidades hacia la ejecución autónoma de tareas.
Desafíos técnicos y riesgos emergentes
El desarrollo de agentes autónomos plantea también desafíos importantes. La seguridad es uno de los principales. Un agente con acceso a sistemas digitales puede ejecutar acciones sensibles. Esto exige mecanismos robustos de control, verificación y supervisión.
OpenClaw ya ha enfrentado problemas en este ámbito. Investigadores detectaron cientos de extensiones potencialmente maliciosas dentro de su ecosistema. Este incidente ilustra la complejidad de garantizar la seguridad en sistemas abiertos y extensibles.
OpenAI deberá equilibrar la autonomía de los agentes con mecanismos de protección que eviten usos indebidos.