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La Catedral de Barcelona estrena Gaudí, l’Atelier du divin, una experiencia de realidad virtual premiada internacionalmente que recrea el taller del arquitecto y su método de trabajo.

Barcelona celebra el Año Gaudí con un formato que no busca sumar otra exposición clásica, sino cambiar la forma de mirar al arquitecto: ponerte unas gafas especiales y unos auriculares para entrar en un entorno digital tridimensional que te rodea por completo, como si estuvieras dentro de una escena. Eso es la realidad virtual: una tecnología que sustituye lo que ves (y parte de lo que oyes) por un mundo generado por ordenador, de manera que el cerebro lo interpreta como un espacio real. No miras una pantalla; estás dentro.

Con esa idea, la Catedral de Barcelona acoge el estreno en España de Gaudí, l’Atelier du divin (Gaudí, el taller de lo divino), una película inmersiva que sitúa al visitante en el estudio del arquitecto en 1926, en sus últimos días, para comprender desde dentro su método de trabajo, su personalidad y el sentido de su universo creativo.

Un estreno con carga simbólica: Gaudí en el corazón histórico de la ciudad

La elección de la Catedral no es casual. La documentación destaca la relación de Gaudí con el entorno catedralicio, que frecuentó desde joven y que fue un espacio de inspiración. La propuesta juega, por tanto, con dos planos: el visitante se encuentra físicamente en un edificio cargado de historia y, al mismo tiempo, accede a una reconstrucción digital que lo traslada al “taller” mental y material de Gaudí.

En un momento en que Barcelona busca actualizar su relato cultural más allá de la postal, este tipo de formatos introduce una pregunta interesante: ¿se puede explicar mejor a Gaudí no mostrando el resultado final, sino el proceso? La experiencia apuesta por esa respuesta.

El taller como idea: arquitectura hecha con manos, maquetas y pruebas

La clave de la experiencia es el taller entendido como laboratorio. La nota subraya que allí Gaudí “pensaba con las manos”. En su caso, la arquitectura no se limitaba al dibujo: se construía con modelos, herramientas, materiales y experimentación constante. La inmersión permite ver el taller como un espacio vivo en el que la forma no aparece de golpe, sino que se busca, se prueba y se corrige.

Ese enfoque conecta muy bien con lo que la realidad virtual hace mejor que una visita convencional: recrear un lugar que ya no existe exactamente como era, permitir que el visitante se mueva por él, observe detalles a escala humana y entienda relaciones espaciales sin depender de la imaginación o de una fotografía.

Sinopsis: 1926, el final que se convierte en transmisión

La historia se sitúa en 1926. Gaudí, debilitado y consciente de la proximidad de su muerte, invita a sus nuevos ayudantes al estudio para que comprendan su visión y puedan prolongar su sueño: terminar el gran monumento al que dedicó su vida, la Sagrada Familia. El visitante, convertido en testigo, va descubriendo tanto el carácter del arquitecto como el núcleo de su método.

Narrativamente, la elección es eficaz: Gaudí no aparece como una estatua genial e intocable, sino como un maestro que transmite un sistema de trabajo. Y eso añade una capa contemporánea: las grandes obras, especialmente las inacabadas, sobreviven si alguien entiende su lógica interna, no solo su estética.

Credenciales: no es un “gadget”, es una producción premiada

La pieza llega con recorrido internacional. Se presentó en Venice Immersive (80º Festival de Cine de Venecia, 2023) y recibió premios en festivales especializados en narrativas inmersivas como Stereopsia (Bruselas), PiXii (La Rochelle), XR MUST y Beyond the Frame (Tokio), además de reconocimientos vinculados a patrimonio y a la calidad de la locución. En un sector lleno de propuestas “llamativas” pero frágiles, ese palmarés sugiere ambición artística y rigor.

Quién firma la experiencia

Gaudí, l’Atelier du divin es una creación francesa impulsada por GEDEON Experiences (división de innovación de GEDEON Media Group), junto a Small Creative, CNC y NHK. La dirección y guion son de Stéphane Landowski y Gaël Caboaut; la dirección de arte, de Claire Allante; y la música, de Mathieu Lamboley. En Barcelona, la producción para la Catedral está promovida por Landscapes (organizadores del Festival MIRA) y Stromboli.

Este conjunto de actores explica el tipo de producto: una experiencia inmersiva con vocación de documental cultural, no un simple “tour” tecnológico.

Cómo es la visita: duración, grupos, idiomas y precio

La película inmersiva dura 22 minutos, pero la visita completa ronda una hora, porque se incluye una pequeña exposición previa y la posibilidad de ver el making of. Las sesiones son para grupos de 12 personas, con pases cada 30 minutos entre las 10:00 y las 19:00 (se pide llegar 30 minutos antes). El precio indicado es 18 euros. La experiencia está disponible en catalán, castellano, inglés, francés, japonés, coreano y turco, un detalle que refuerza su enfoque internacional y turístico.

Patrimonio y realidad virtual: por qué encaja con Gaudí

La realidad virtual aplicada a cultura funciona cuando cumple dos condiciones: reconstruye algo que no se puede ver y añade comprensión. En Gaudí, lo “invisible” suele ser el método. La nota lo expresa con una idea central: sus obras no imitan la naturaleza; siguen su orden. Y entender ese orden —la lógica estructural, el ritmo de las formas, la geometría orgánica— es más fácil cuando puedes situarte dentro del espacio de trabajo y seguir el hilo entre maqueta, decisión y resultado.

Además, hay un contraste interesante con la tecnología contemporánea: en plena era de imágenes generadas al instante, esta experiencia usa tecnología de última generación para contar una historia sobre paciencia, materia y artesanía. Si el formato está bien resuelto, puede servir para algo más que “asombrar”: puede enseñar a mirar.

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