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Un nuevo nivel intermedio —detectado en el código— apunta a un precio de 100 dólares al mes para cerrar el salto entre Plus (20) y Pro (200) y capturar a quienes chocan con límites en tareas intensivas.

OpenAI podría estar a punto de corregir una de las fricciones más evidentes de su catálogo de suscripciones: el vacío entre ChatGPT Plus (20 dólares/mes) y ChatGPT Pro (200 dólares/mes). Según rastros encontrados en el frontend y difundidos por Testing Catalog, la compañía estaría probando un nuevo escalón llamado ChatGPT Pro Lite, con un precio aproximado de 100 dólares al mes. La información no llega por anuncio oficial ni por nota de prensa: aparece como “señal de producto”, el tipo de pista que en la economía digital funciona como globo sonda y, a la vez, como termómetro de demanda real.

La lectura de negocio es inmediata: si Plus se queda corto para un segmento creciente de usuarios —desarrolladores, analistas, creadores, estudiantes avanzados, consultores— y Pro es un salto difícil de justificar para la mayoría, un plan de 100 dólares sería la pasarela que faltaba. No para “usuarios curiosos”, sino para quienes convierten ChatGPT en herramienta de trabajo diaria y tropiezan con límites justo cuando más continuidad necesitan.

El problema que OpenAI lleva meses arrastrando: un salto de 10x que no encaja con el uso real

En los últimos años, OpenAI ha ido ampliando su menú: Free, planes de entrada, Plus, Pro y capas para equipos y empresas. La expansión tiene lógica interna (segmentación por consumo y coste de cómputo), pero genera un efecto colateral: cuando el usuario percibe que su caso de uso crece, el siguiente escalón no es progresivo, es abrupto. El precio se multiplica por diez.

Ese salto no es solo psicológico. También es funcional: la promesa de Pro se asocia a mayor capacidad diaria, rendimiento más estable y acceso preferente a lo más avanzado. El usuario que hoy paga 20 no siempre busca “todo ilimitado”; muchas veces solo pide más margen: iterar sin interrupciones, trabajar en sesiones largas, sostener un flujo de investigación o depurar código sin estrellarse contra el aviso de “rate limit”.

Un plan intermedio —si se confirma— sería menos una “nueva oferta” y más una corrección estructural del embudo: convertir un precipicio de precios en una escalera.

Qué se sabe (y qué no) de Pro Lite: lo detectado en código y el silencio oficial

El núcleo de la historia es simple: Pro Lite aparece como referencia y se vincula a un precio cercano a 100 dólares mensuales en el material que ha rastreado Testing Catalog.
TechRadar recoge ese hallazgo y lo interpreta como un intento de cubrir el hueco entre Plus y Pro, con un posicionamiento claro: usuarios que superan límites de Plus, pero no pueden justificar 200.

A partir de ahí, todo lo demás es inferencia razonable —y conviene tratarla como tal— porque OpenAI no ha detallado beneficios. Ni límites. Ni velocidades. Ni qué modelos incluiría. Lo único prudente es describir el “espacio” que un producto así suele ocupar:

  • Más capacidad que Plus, especialmente en tareas largas y repetitivas (código, investigación, generación multimodal).
  • Mejor estabilidad en horas punta, donde los planes inferiores tienden a degradar velocidad o disponibilidad.
  • Alguna forma de tope (créditos, límites diarios o prioridad menor que Pro) para no canibalizar el plan de 200.

En otras palabras: no sería “Pro barato”, sino un plan de continuidad para trabajo intensivo con controles de coste.

Por qué 100 dólares es un número con sentido (para usuarios y para OpenAI)

La cifra puede sonar alta si se compara con software de consumo generalista. Pero la economía de los modelos de frontera ha alterado el marco: servir razonamiento avanzado, contexto largo y herramientas multimodales es caro, y la factura no se reparte igual entre usuarios ocasionales y usuarios intensivos. De ahí que la tarificación por escalones haya reemplazado al “todo incluido” típico del SaaS.

A 100 dólares, OpenAI podría lograr tres objetivos simultáneos:

  1. Reducir fricción en el salto Plus→Pro, evitando que usuarios intensivos se queden “atrapados” en Plus o migren a alternativas.
  2. Capturar valor de quienes ya están dispuestos a pagar más por estabilidad y capacidad, pero no por un plan premium total.
  3. Gestionar carga: un escalón intermedio permite diseñar límites más realistas, alineando consumo con coste de cómputo.

El efecto neto sería una estructura más parecida a la de otros mercados de infraestructura digital: pagar no solo por funciones, sino por capacidad garantizada.

Competencia: el “plan de 100” como estándar de facto del usuario avanzado

El dato relevante no es solo interno. Un precio intermedio también es una señal competitiva: el mercado ha empezado a normalizar que el usuario avanzado pague alrededor de 100 dólares por rendimiento y límites razonables. Varios medios apuntan a esa convergencia en el segmento “power user”, y TechRadar lo enmarca como parte de la batalla por suscriptores intensivos.

Dicho de otro modo: si el “profesional independiente” es la nueva unidad de consumo (consultor, creador, desarrollador freelance), el plan de 100 es el punto donde muchos sienten que “pagan por trabajar”, no por jugar.

La pista del momento: agentes y automatización como presión sobre los precios

Hay otro elemento interesante en el contexto: el auge de flujos más agénticos (automatización, tareas largas, herramientas conectadas) tiende a disparar consumo frente al chat tradicional. En paralelo, el ecosistema está obsesionado con “agentes” que ejecuten acciones, gestionen archivos, mantengan sesiones y trabajen durante más tiempo. Si tu producto va hacia ahí, tu plan de 20 dólares se convierte rápidamente en cuello de botella.

En ese marco, TechRadar subraya lo llamativo de que el desarrollo de un plan intermedio aparezca poco después de movimientos relevantes en el mundo “agentic”, que elevan expectativas sobre lo que un asistente debería poder sostener en tiempo y carga.

La conclusión práctica: un escalón de 100 dólares no sería solo “más mensajes”. Sería más continuidad operacional.

Qué cambiaría para el usuario: menos interrupciones y más previsibilidad

Donde se nota de verdad una suscripción no es en la lista de features, sino en la fricción diaria:

  • Investigación larga: mantener una línea de trabajo sin reinicios, sin recortes, sin tener que “esperar a mañana”.
  • Iteración de código: ciclos de prueba/corrección donde el valor está en la repetición rápida.
  • Trabajo multimodal: archivos, imágenes, vídeo, herramientas… que multiplican consumo frente al texto.
  • Fiabilidad: que el sistema no se vuelva impredecible justo cuando estás “en mitad” de una tarea.

Ese es el hueco que Pro Lite parece apuntar a cubrir: no “más sofisticación”, sino menos interrupción.

La parte delicada: más planes, más confusión… si OpenAI no lo comunica bien

El riesgo también es claro: cada nuevo escalón añade complejidad. Si la oferta se parece a una tabla tarifaria de telecomunicaciones, el usuario medio se desconecta. El plan intermedio solo funcionará si OpenAI logra explicar con claridad algo muy concreto:

  • Para quién es (usuarios intensivos que chocan con límites de Plus).
  • Qué resuelve (capacidad y estabilidad).
  • Qué no es (no sustituye Pro para uso extremo, ni es “ilimitado”).

Si no lo hace, el plan puede convertirse en ruido. Si lo hace bien, puede convertirse en el nuevo estándar para el usuario profesional que vive en la frontera entre consumo y empresa.

Lo que hay hoy: una señal fuerte, pero sin confirmación oficial

A día de hoy, lo verificable es que aparecen referencias a Pro Lite y a un precio de 100 dólares en hallazgos atribuidos al código de la app web y difundidos por Testing Catalog, con amplificación en medios como TechRadar.
Todo lo demás —beneficios concretos, límites, fecha, disponibilidad por países— sigue en el terreno de lo no anunciado.

Pero incluso como rumor técnico, la idea es reveladora: OpenAI estaría aceptando lo que el mercado ya le estaba diciendo con el comportamiento. Que el usuario avanzado no quiere saltar de 20 a 200. Quiere un escalón intermedio para trabajar sin fricción.

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