El Ejecutivo aprueba una inversión pública de 719 millones de euros, crea la sociedad que liderará la candidatura española y convierte a Móra la Nova en uno de los proyectos estratégicos más ambiciosos de la Europa digital.
El Gobierno ha dado este martes el paso más importante hasta la fecha para intentar que España albergue una de las primeras gigafactorías europeas de inteligencia artificial. El Consejo de Ministros ha aprobado una inversión pública de 719 millones de euros a través de la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT) y ha autorizado la constitución de la sociedad que impulsará la candidatura española a una de las grandes infraestructuras de computación avanzada promovidas por la Comisión Europea.
La decisión supone un salto cualitativo para un proyecto que hasta ahora se encontraba en fase de diseño institucional. Con financiación comprometida, estructura accionarial definida y dirección ejecutiva identificada, la candidatura española entra en la fase decisiva de una competición europea destinada a definir dónde se construirán algunas de las infraestructuras más importantes para el desarrollo de la inteligencia artificial durante la próxima década.
La propuesta española sitúa a Móra la Nova (Tarragona) como sede principal de la gigafactoría y a San Fernando de Henares (Madrid) como emplazamiento complementario. El proyecto aspira a convertir ambos enclaves en una de las mayores plataformas de computación para inteligencia artificial de Europa y en un elemento clave de la estrategia comunitaria para reducir la dependencia tecnológica respecto a Estados Unidos y China.
La información fue adelantada por EFE y confirmada tras la reunión del Consejo de Ministros, que dio luz verde a la participación del Estado en el consorcio que presentará formalmente la candidatura ante Bruselas.
Una inversión pública sin precedentes en inteligencia artificial
Los 719 millones aprobados por el Gobierno representan una de las mayores inversiones públicas realizadas hasta ahora en España específicamente vinculadas al desarrollo de infraestructuras para inteligencia artificial.
La aportación se canalizará a través de la SETT, conocida como la «SEPI digital», y permitirá al Estado participar directamente en el accionariado de la sociedad que impulsará la gigafactoría.
La dimensión económica del proyecto va mucho más allá de esos 719 millones. La candidatura prevé movilizar alrededor de 4.000 millones de euros de inversión público-privada, una cifra que la sitúa entre las mayores iniciativas industriales y tecnológicas planteadas en España durante los últimos años.
La estrategia responde a un objetivo claro: asegurar que Europa disponga de capacidad propia para entrenar modelos avanzados de inteligencia artificial y desarrollar aplicaciones estratégicas sin depender exclusivamente de infraestructuras situadas fuera del continente.
En la actualidad, la mayor parte de los grandes centros de computación dedicados a entrenar modelos de IA de frontera se concentran en Estados Unidos y, en menor medida, en China. Europa dispone de talento científico, universidades, centros de investigación y capacidad industrial, pero sigue sufriendo un déficit significativo de infraestructuras de cálculo a gran escala.
La Comisión Europea considera que esta situación constituye uno de los principales riesgos para la competitividad futura del continente.
Móra la Nova, de nudo ferroviario histórico a polo europeo de IA
La elección de Móra la Nova como sede principal de la candidatura tiene una enorme carga simbólica y estratégica.
Situada en la Ribera d’Ebre, la localidad ha sido históricamente un importante nudo ferroviario y logístico. Ahora aspira a convertirse en uno de los centros neurálgicos de la inteligencia artificial europea.
La ubicación no responde únicamente a criterios políticos. Los impulsores del proyecto destacan varias ventajas competitivas del territorio: disponibilidad de suelo, acceso a infraestructuras energéticas, proximidad a grandes corredores logísticos y capacidad para albergar instalaciones de gran escala.
Además, la zona afronta un momento especialmente relevante desde el punto de vista económico. El futuro cierre de las centrales nucleares de Ascó y Vandellòs obliga a plantear nuevas actividades capaces de generar empleo, inversión y actividad económica en las comarcas del sur de Catalunya.
La gigafactoría aparece así como una oportunidad de reindustrialización basada en tecnología avanzada, computación y servicios de alto valor añadido.
Para la Ribera d’Ebre, el proyecto representa la posibilidad de situarse en el mapa tecnológico europeo sin renunciar a su identidad industrial y energética.
Una alianza entre Estado, empresas y Generalitat
Uno de los aspectos más relevantes del proyecto es la composición de la nueva sociedad.
El capital estará distribuido entre administraciones públicas y grandes empresas privadas con experiencia en infraestructuras, telecomunicaciones y tecnología.
Según la estructura aprobada, el bloque privado controlará el 51% de la sociedad. Dentro de este grupo destacan tres grandes actores: Telefónica, Banco Santander y ACS, cada uno con una participación cercana al 15,7%.
También participará Multiverse Computing, una de las compañías tecnológicas españolas más destacadas en computación cuántica e inteligencia artificial avanzada.
Por parte pública, la SETT controlará el 47,99% del capital, mientras que la Generalitat de Catalunya participará inicialmente con un 1% a través del Institut Català del Sòl (Incasòl).
Esta composición pretende transmitir a Bruselas una imagen de estabilidad institucional, solvencia financiera y colaboración entre administraciones y sector privado.
La Comisión Europea ha insistido en repetidas ocasiones en que las futuras gigafactorías deberán construirse mediante modelos de cooperación capaces de combinar inversión pública, innovación empresarial y acceso abierto para investigadores, universidades y empresas.
Francesc Fajula, al frente de la operación
Otra de las novedades más significativas es el nombramiento de Francesc Fajula como director ejecutivo del proyecto.
Fajula, que hasta hace pocos meses ejercía como director general de Mobile World Capital Barcelona, será el encargado de coordinar la candidatura, dirigir la nueva sociedad y liderar las relaciones con las instituciones europeas.
Su experiencia en el ecosistema tecnológico catalán y europeo se considera uno de los activos del proyecto.
Durante los últimos años, Mobile World Capital se ha consolidado como uno de los principales instrumentos de proyección internacional de Barcelona en ámbitos como conectividad, innovación digital, inteligencia artificial y emprendimiento tecnológico.
El fichaje de Fajula busca precisamente reforzar la credibilidad de la candidatura ante Bruselas y ante los potenciales socios industriales internacionales.
El papel del Barcelona Supercomputing Center
Aunque la infraestructura principal se situaría en Tarragona, uno de los argumentos más sólidos de la candidatura española es la existencia del ecosistema científico y tecnológico ya desarrollado en Catalunya.
El Barcelona Supercomputing Center (BSC) constituye uno de los grandes referentes europeos en computación de alto rendimiento.
Su superordenador MareNostrum es una pieza fundamental de la estrategia científica continental y proporciona experiencia acumulada en ámbitos como simulación avanzada, procesamiento masivo de datos, inteligencia artificial y computación de alto rendimiento.
Los promotores del proyecto consideran que la proximidad entre la futura gigafactoría y el BSC permitiría crear sinergias únicas dentro del ecosistema europeo de IA.
No se trataría únicamente de disponer de capacidad de cálculo, sino de conectar esa infraestructura con investigadores, universidades, startups, empresas tecnológicas y proyectos industriales.
La carrera europea por las gigafactorías
La candidatura española forma parte de una competición mucho más amplia.
La Comisión Europea pretende desplegar varias gigafactorías de inteligencia artificial distribuidas por el continente para garantizar que Europa disponga de recursos propios de computación avanzada.
Estas instalaciones estarán equipadas con decenas de miles de procesadores especializados y serán capaces de entrenar modelos de IA de última generación.
Su función no será únicamente científica.
También deberán proporcionar servicios a empresas, administraciones públicas, centros de investigación y startups que necesiten acceso a capacidades de cálculo hoy reservadas a un pequeño número de gigantes tecnológicos.
En otras palabras, las gigafactorías buscan democratizar el acceso a la infraestructura necesaria para competir en inteligencia artificial.
La apuesta europea responde a una preocupación creciente: mientras Estados Unidos concentra empresas como OpenAI, Anthropic, Google, Meta o xAI, y China desarrolla su propia estrategia nacional de IA, Europa corre el riesgo de quedar relegada a un papel secundario si no dispone de infraestructura propia.
Energía, sostenibilidad y empleo
La construcción de una gigafactoría también plantea desafíos significativos.
Uno de ellos es el energético.
Las instalaciones necesarias para entrenar modelos avanzados consumen enormes cantidades de electricidad. Garantizar un suministro estable, competitivo y sostenible será una condición imprescindible para el éxito del proyecto.
La experiencia energética de Tarragona y la Ribera d’Ebre juega a favor de la candidatura, aunque también obliga a abordar cuestiones relacionadas con sostenibilidad, eficiencia y transición energética.
Otro reto importante será el empleo.
La gigafactoría podría generar cientos de puestos de trabajo directos y miles de indirectos, pero muchos requerirán perfiles altamente especializados.
Ingenieros de sistemas, expertos en redes, especialistas en centros de datos, profesionales de ciberseguridad, científicos de datos y expertos en inteligencia artificial formarán parte de las capacidades necesarias para operar una infraestructura de este tipo.
Por ello, universidades, centros de formación profesional y administraciones deberán trabajar conjuntamente para asegurar la disponibilidad de talento.
Mucho más que un centro de datos
Uno de los errores habituales al analizar proyectos de esta naturaleza consiste en considerarlos simples centros de datos.
Las gigafactorías europeas están concebidas como infraestructuras estratégicas para el desarrollo económico, científico e industrial.
Su misión será facilitar la creación de nuevos modelos de IA, acelerar la digitalización de sectores productivos, mejorar la competitividad empresarial y fortalecer la autonomía tecnológica europea.
La candidatura de Tarragona aspira precisamente a desempeñar ese papel.
No se trata solo de instalar miles de GPU en una nave industrial.
Se trata de construir una pieza fundamental de la futura infraestructura tecnológica europea.
Una decisión que trasciende a Tarragona
La aprobación de la sociedad y de los 719 millones de euros representa un punto de inflexión.
Por primera vez, el proyecto dispone de financiación pública comprometida, socios empresariales definidos y una estructura formal para competir ante Bruselas.
La decisión afecta directamente a Tarragona, Catalunya y España, pero también forma parte de una discusión mucho más amplia sobre el papel de Europa en la inteligencia artificial.
La próxima década estará marcada por la capacidad de los países para desarrollar modelos propios, controlar infraestructuras críticas y participar en la nueva economía del conocimiento.
Las gigafactorías son una pieza de ese tablero.
Móra la Nova aspira a convertirse en una de ellas.
Y con la decisión adoptada por el Gobierno, esa posibilidad está hoy un paso más cerca de convertirse en realidad.