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Palmer Luckey, el fundador de Oculus y ahora de la empresa de defensa Anduril, quiere contratar talento. Pero en lugar de abrir vacantes o acudir a universidades, ha decidido organizar una carrera de drones. El premio no es solo dinero, sino la posibilidad de trabajar en su compañía, una de las más influyentes en tecnología militar.

No es una carrera de pilotos, es una carrera de algoritmos

El evento se llama AI Grand Prix y no se trata de maniobras espectaculares ni de reflejos humanos. Los drones competirán de forma autónoma, sin mandos a distancia ni intervención directa. Serán los códigos y modelos de inteligencia artificial quienes tomen el control. Anduril no usará sus propios drones, sino modelos de Neros Technologies, más pequeños y veloces. Las finales tendrán lugar en Ohio, en un circuito cerrado cerca de una nueva fábrica de la empresa.

Cómo se participa y qué se puede ganar

Los equipos pueden venir de cualquier parte del mundo, con algunas excepciones por restricciones legales o geopolíticas. En juego hay medio millón de dólares en premios, pero el verdadero atractivo es otro: los mejores programadores podrían recibir ofertas de trabajo sin pasar por el proceso tradicional de selección. Luckey lo plantea como una forma directa de evaluar habilidades reales. «Queremos ver quién puede construir el mejor software para pilotar estos drones», explicó a TechCrunch. De momento, ya hay universidades y grupos independientes interesados.

Lo que revela este tipo de concursos

El AI Grand Prix no es solo una carrera. Es una vitrina de cómo las empresas de defensa están cambiando sus estrategias de contratación y desarrollo. Priorizar la autonomía y el talento en inteligencia artificial no es una moda, sino una necesidad para un sector que se mueve hacia sistemas no tripulados y decisiones automáticas.

La competición está organizada junto a la Drone Champions League y la agencia JobsOhio. Aunque la empresa asegura que no hay garantía de empleo automático para los ganadores, el evento es un atajo visible para entrar a un ecosistema muy cerrado.

Entre la innovación y la estrategia

Anduril ha dejado fuera a equipos de Rusia, citando motivos evidentes de seguridad, aunque no ha aplicado la misma regla para China. Aun así, la empresa ha aclarado que ganar la carrera no implica acceso inmediato a sus instalaciones ni a sus sistemas. Cualquier contratación pasará por controles legales y entrevistas.

La propuesta de Luckey apunta a algo más amplio, si este primer experimento funciona, quiere llevar la idea a otros entornos. Carreras de vehículos terrestres autónomos, submarinos o incluso naves espaciales están en su radar.

Una pista de pruebas para el futuro

La AI Grand Prix es, al mismo tiempo, una competición, una campaña de reclutamiento y una demostración de poder tecnológico. En lugar de hojas de vida, los participantes presentarán algoritmos capaces de tomar decisiones en tiempo real. No importa de dónde vengan, sino lo que puedan hacer con unos cuantos cientos de líneas de código y un dron en el aire.

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