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Internet se encuentra en un punto de inflexión. En el Día del Internet Seguro (celebrado el próximo 10 de febrero), se evidencia que los sistemas automatizados están dominando cada vez más la vida digital cotidiana, con desafíos directos en la seguridad, la confianza y la equidad en el entorno online. Las últimas tendencias muestran que muchas de las interacciones digitales ya se producen sin intervención humana.

Por qué esta evolución es relevante para los usuarios en España

La manipulación en las actividades online del día a día va en aumento: los sistemas automatizados influyen en los precios, la disponibilidad de productos, las reseñas, la generación de contenidos y su alcance, a menudo en detrimento de los usuarios reales. Un estudio elaborado por el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad (ONTSI) demuestra que la incertidumbre a la hora de comprar online está muy presente. Aunque más del 90 % de los compradores considera que comprar por internet es relativamente seguro, solo el 50,2 % afirma hacerlo con total confianza, mientras que casi uno de cada dos compradores reconoce hacerlo con ciertas dudas o inseguridad.

En este contexto, la confianza se convierte en una expectativa central. Al mismo tiempo, crece la demanda de fiabilidad en el entorno digital. En España, más del 93 % de los compradores online considera seguras sus compras solo cuando percibe garantías claras en el proceso, especialmente en aspectos como la autenticidad de los vendedores, la fiabilidad de las transacciones y la protección de los datos personales. Esta necesidad de fiabilidad convierte la verificación y la transparencia en requisitos imprescindibles para el uso continuado de los servicios digitales.

Los desarrollos recientes aceleran aún más esta dinámica. Con plataformas como Moltbook, están surgiendo nuevos espacios digitales en los que agentes de IA interactúan entre sí y generan contenido de forma exclusiva, mientras que las personas quedan relegadas a un papel de simples observadores. Proyectos como este ilustran la rapidez con la que internet avanza hacia la automatización de las interacciones y subrayan la importancia de poder distinguir claramente, en el futuro, cuándo las máquinas interactúan entre ellas y cuándo se trata de una interacción humana real.

Los consumidores están adoptando la inteligencia artificial porque ahorra tiempo, amplía el acceso y desbloquea nuevas capacidades. Pero a medida que la IA se integra cada vez más en la vida cotidiana, la necesidad de distinguir a los humanos reales de los sistemas automatizados se vuelve más urgente.

Las defensas tradicionales están fallando. Los CAPTCHAs son resueltos rutinariamente por la IA. La verificación por correo electrónico o teléfono puede duplicarse a gran escala. Los sistemas de reputación en redes sociales son manipulados por millones de bots que ya están integrados en las plataformas. Estos enfoques fueron diseñados para un mundo en el que los humanos superaban ampliamente a los sistemas automatizados en internet. Ese mundo ya no existe.

Lo que se necesita es una capa fundacional que permita a las personas reales demostrar que lo son, de forma anónima y privada, antes de interactuar en línea. Una manera de verificar la humanidad en el punto de interacción, para que las plataformas puedan asegurar que las reseñas, los inicios de sesión, las compras, los votos y las conversaciones involucren a personas reales. Eso es la prueba de humanidad.

World está construyendo precisamente esta infraestructura. Con World ID, cualquier persona puede verificar en línea que es un ser humano real y único, y llevar esa verificación a lo largo de internet, demostrando su humanidad ante cualquier plataforma o servicio sin revelar quién es. La verificación es anónima. No se comparten datos personales con las aplicaciones. No se rastrean ni almacenan datos de actividad. Simplemente demuestras que eres humano y único, y punto.

Los casos de uso son prácticos e inmediatos. Las plataformas de citas pueden asegurar que los perfiles pertenecen a personas reales. Los sitios de comercio electrónico pueden verificar que las reseñas provienen de compradores reales. Los servicios de ticketing pueden garantizar un acceso justo limitando las compras a humanos verificados. Las plataformas financieras pueden prevenir el fraude automatizado desde el punto de entrada.

En cada caso, la prueba de humanidad cambia el paradigma: se pasa de la detección reactiva a la verificación proactiva. En lugar de intentar identificar bots después de que el daño ya ocurrió, las plataformas pueden garantizar la participación humana de principio a fin.

Los humanos corren el riesgo de convertirse en una minoría en interne. Ya en 2024, el tráfico automatizado superó por primera vez al tráfico humano: más de una de cada dos solicitudes online procede hoy de bots. En el comercio electrónico, su dominio es aún mayor. La razón es que la IA reduce drásticamente las barreras de entrada. Lo que antes llevaba meses, ahora puede automatizarse en cuestión de minutos. Sin una infraestructura digital reforzada y nuevos mecanismos de confianza, internet pierde credibilidad frente a estas amenazas. Verificar que hay una persona real detrás de cada acción online se vuelve, por tanto, indispensable.

A medida que los agentes de IA actúan en nombre de personas reales, la prueba de humanidad única permite que los humanos mantengan el control mediante una supervisión confiable. Incluso cuando las personas delegan permisos, los desarrolladores pueden exigir autorización humana explícita para acciones sensibles como pagos, confirmaciones y transacciones. Así, la confianza se preserva en el tiempo sin sacrificar la privacidad, incluso a medida que los agentes ganan autonomía.

Un internet más seguro es un internet más humano

Históricamente, los consejos de seguridad en línea se han centrado en proteger a las personas de amenazas específicas: estafas, acoso, desinformación. Esas amenazas siguen siendo reales. Pero el desafío en 2026 es más fundacional.

Cuando el tráfico automatizado supera la actividad humana, cuando los agentes de IA construyen sus propias redes sociales y cuando tres segundos de audio son suficientes para suplantar a cualquier persona, la seguridad requiere un nuevo tipo de infraestructura.

Tiago Sada, Chief Product Officer en Tools for Humanity

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