Skip to main content

Al cerrar 2025, Adam Mosseri, director de Instagram, compartió una reflexión en Threads sobre cómo la inteligencia artificial está reconfigurando la autenticidad en redes sociales. No fue un anuncio de funciones ni un manifiesto de marca, sino una advertencia velada: si todo puede parecer real, ¿cómo distinguimos lo que realmente lo es?

El futuro ya no es una foto

Durante años, una imagen digital fue sinónimo de prueba. Hoy, esa certeza está en jaque. Las herramientas de IA ya generan fotos y videos casi indistinguibles de los capturados con una cámara. Y lo hacen con velocidad, escala y estética.

Mosseri reconoce que el feed de Instagram se está llenando de contenido sintético. Y que pronto, la mayoría de lo que veamos podría no haber sucedido. En ese contexto, lo que antes era abundancia (creación sin límites) se vuelve un problema, la autenticidad se diluye. La confianza visual, base de la cultura digital, también.

El precio de parecerse a todos

Instagram fue el lugar donde los creadores encontraron una audiencia directa. Personas que compartían su voz, su mirada, su mundo. Frente a instituciones que producían contenido pulido y distante, los creadores ofrecían algo más difícil de fingir, la cercanía.

Pero ahora, dice Mosseri, la autenticidad también se puede simular. Ya no basta con parecer real, hay que ser irreproducible. El nuevo criterio no será si puedes crear, sino si puedes hacer algo que solo tú puedas hacer. En la era de la imitación perfecta, la originalidad vuelve a importar.

Una estética del descuido

El feed clásico de Instagram está obsoleto. Ya no dominan las fotos cuadradas, bien iluminadas y cuidadosamente editadas. La estética ahora es otra, fotos borrosas, encuadres accidentales, momentos que parecen capturados sin intención.

Ese nuevo estilo, más crudo, ha pasado de los mensajes privados a lo público. No es una moda, es una reacción. En un entorno donde la perfección se genera con un clic, las imperfecciones funcionan como prueba de realidad. El error como testimonio. Lo torpe como único.

Ver no basta: hay que saber quién lo muestra

Mosseri lo plantea con claridad, si todo puede parecer real, tendremos que fijarnos no solo en el contenido, sino en la fuente. Quién publica, desde dónde, con qué intención. El contexto será más importante que la imagen.

Y eso no es cómodo. Estamos programados para creer lo que vemos. La evolución nos enseñó que confiar en los sentidos era eficiente. Pero esa confianza visual está quedando obsoleta. Nos tocará, como sociedad, aprender a dudar.

De etiquetas a huellas digitales

Mosseri anticipa un futuro donde etiquetar contenido como «generado por IA» no será suficiente. Las plataformas deberán ofrecer señales de credibilidad, no solo sobre el contenido, sino sobre las cuentas que lo difunden. Una especie de pasaporte de contexto.

Incluso propone que los dispositivos firmen criptográficamente las imágenes reales desde el momento de captura. Un sello de origen para lo genuino, no solo filtros para detectar lo falso. Una apuesta por proteger lo real desde el inicio.

El dilema de la abundancia

El mensaje de Mosseri no ofrece soluciones mágicas. Plantea una tensión, la misma tecnología que hace posible crear más también hace más difícil creer. Y en esa paradoja, el valor de lo real aumenta.

Para Instagram, el reto es doble. Necesita construir herramientas que permitan a los creadores competir en creatividad, pero también sistemas que den señales de confianza. En un mundo de contenidos infinitos, la autenticidad es el nuevo filtro.

Abre un paréntesis en tus rutinas. Suscríbete a nuestra newsletter y ponte al día en tecnología, IA y medios de comunicación.

Dejar un comentario