Una red soberana en órbita baja para que los datos críticos sigan circulando aunque la infraestructura en tierra sea vulnerable.
El debate sobre la soberanía tecnológica europea suele sonar abstracto… hasta que se aterriza en un punto muy concreto: quién controla las comunicaciones cuando el escenario se complica. En los últimos años, el mapa se ha llenado de alertas —sabotajes, interferencias, ciberataques, tensiones geopolíticas, dependencia de proveedores no europeos— y la pregunta ha dejado de ser teórica: ¿puede Europa garantizar conectividad segura sin apoyarse en redes ajenas o en infraestructuras terrestres frágiles?
Con ese telón de fondo, Open Cosmos ha presentado en Barcelona (2 de marzo de 2026) ConnectedCosmos, una constelación propia de satélites en órbita baja (LEO) que promete dotar a Europa —y a clientes institucionales y corporativos— de una conectividad espacial “segura y soberana”, diseñada para resistir interrupciones y ataques y reducir dependencias de megaconstelaciones transcontinentales.
La compañía, con presencia industrial en varios países europeos, no está vendiendo un satélite: está vendiendo una idea estratégica. Que, en un mundo donde “lo crítico” se ha vuelto vulnerable (energía, telecomunicaciones, logística), la conectividad debe poder sobrevivir incluso cuando la tierra falla.
Qué es ConnectedCosmos y por qué importa ahora
ConnectedCosmos nace con una ambición clara: crear una red espacial europea para comunicaciones resilientes, orientada a gobiernos, administraciones públicas y empresas con necesidades de seguridad, continuidad operativa y control del dato. El mensaje encaja con una tendencia más amplia: Europa está acelerando su agenda de comunicaciones seguras con programas como IRIS², la constelación de conectividad segura de la UE (multi-órbita) pensada para usuarios gubernamentales y servicios comerciales, en respuesta a riesgos y dependencia externa.
Pero ConnectedCosmos se presenta como una pieza con identidad propia: una infraestructura operada por Open Cosmos, no un consorcio institucional, que busca convertirse en alternativa europea en un mercado dominado por redes masivas no europeas y por servicios duales (comerciales y de defensa).
Dos capacidades “en una”: banda ancha punto a punto + IoT directo al dispositivo
El núcleo técnico de la propuesta, según la información difundida por la empresa y recogida por distintos medios, combina banda ancha punto a punto con IoT directo al dispositivo (direct-to-device / direct-to-IoT). Traducido: una red capaz de mover tráfico “pesado” (enlaces de alta capacidad) y, a la vez, conectar activos distribuidos (sensores, equipos, infraestructuras remotas) sin depender de capas terrestres complejas.
Esa combinación se vincula a un concepto que Open Cosmos ha querido enfatizar: “resiliencia activa”. La idea no es solo mantener la señal, sino convertir la conectividad en una herramienta operativa, que entregue datos fiables “en segundos” para actuar en escenarios críticos: emergencias, gestión de infraestructuras sensibles, operaciones remotas, continuidad de servicios, respuesta ante interferencias.
Aquí hay un giro relevante: durante años, el discurso satelital se centró en “cobertura” y “ancho de banda”. Ahora se habla de resiliencia, de negación de servicio, de jamming, de ciberseguridad, de continuidad bajo ataque. La conectividad deja de ser un commodity y se convierte en un activo estratégico.
El rasgo diferencial: enlaces ópticos entre satélites para “no bajar a tierra”
El elemento más delicado —y más político— está en la arquitectura: ConnectedCosmos incorpora enlaces intersatelitales ópticos (ISL), es decir, comunicaciones láser entre satélites para formar una malla en el espacio y reducir la necesidad de apoyarse en estaciones terrestres. El objetivo, según la compañía, es disminuir exposición a infraestructuras vulnerables y dificultar interferencias o ataques que suelen concentrarse en puntos de tierra (telepuertos, enlaces ascendentes/descendentes, nodos).
En términos de narrativa, esto se traduce en una promesa potente: una red que puede mantener rutas de datos “arriba”, sin depender tanto de “abajo”. Y en términos de seguridad, significa reducir superficie de ataque y dependencia de infraestructuras que —como los cables submarinos o ciertos nodos terrestres— se han convertido en tema recurrente en análisis de riesgo y seguridad nacional.
Ka-band “de alta prioridad” desde Liechtenstein: licencia y carrera por el espectro
Para que una constelación no sea un powerpoint, necesita algo menos vistoso pero decisivo: derechos de espectro. ConnectedCosmos se apoya en licencias de banda Ka de alta prioridad otorgadas por Liechtenstein que Open Cosmos ha reactivado con el lanzamiento de los primeros satélites a comienzos de 2026, según la compañía.
Esta parte tiene contexto europeo y competencia global. El Financial Times informó recientemente de la pugna por esa licencia y de cómo Open Cosmos se posicionó frente a otros aspirantes en un mercado donde el espectro orbital se ha convertido en una ventaja estratégica para conectividad y usos gubernamentales.
El punto clave: en un entorno orbital cada vez más congestionado, tener espectro y poder operarlo puede ser tan importante como fabricar satélites.
Observación de la Tierra + comunicaciones: contexto “en tiempo real”
Otro vector diferencial es la integración con la línea de Observación de la Tierra de la propia compañía (Open Constellation). Open Cosmos sostiene que unir comunicaciones seguras con EO (Earth Observation) en tiempo cercano al real permite aportar “contexto e inteligencia inmediata”: no solo transportar datos, sino conectar lo que se ve (territorio, infraestructuras, eventos) con la capacidad de comunicarlo y actuar.
Rafel Jordà, fundador y CEO, lo resumió así (en una formulación muy repetida en la presentación): la combinación de conectividad segura y observación terrestre en tiempo real es lo que les “diferencia”.
Este enfoque encaja con una evolución del mercado: los clientes institucionales ya no compran solo “conectividad” o solo “imágenes”, compran capacidad operativa (detectar–decidir–actuar). Y cuanto más cerca esté el dato del momento de decisión, más valor tiene.
Barcelona como músculo industrial: sala blanca y capacidad de integración
Más allá del anuncio, hay un componente industrial: Open Cosmos ha ampliado su sala blanca en Barcelona (se menciona un espacio de unos 200 m²) para integrar más satélites simultáneamente y reforzar su capacidad para misiones institucionales y comerciales. Esto apunta a un hecho esencial en el “nuevo espacio” europeo: la soberanía no se proclama, se fabrica.
En paralelo, la compañía ha ido construyendo una huella europea (Reino Unido, Portugal, Grecia), coherente con la idea de una cadena industrial distribuida en la UE y asociada, un factor que también pesa en contratos públicos y programas estratégicos.
La credencial que repiten: “100% de éxito” en lanzamientos
Open Cosmos acompaña el anuncio con una cifra que busca funcionar como sello de confianza: más de una década de actividad con “100% de éxito” en lanzamientos, según afirma la empresa y recogen varias informaciones. En un sector donde el riesgo técnico es estructural, la fiabilidad es argumento comercial y político: si un gobierno va a apostar por soberanía, exige garantías.
El tablero europeo: IRIS², OneWeb y la necesidad de alternativas
ConnectedCosmos se presenta en un momento en que Europa intenta ordenar su estrategia espacial de conectividad. Por un lado, IRIS² avanza como programa bandera de la UE, con la ambición de ofrecer comunicaciones seguras para instituciones europeas y servicios comerciales, y con calendarios que la propia UE y fuentes públicas sitúan hacia finales de la década para servicios iniciales.
Por otro, los actores europeos existentes —por ejemplo, Eutelsat/OneWeb— se mueven para ampliar flota y mantener competitividad hasta que IRIS² esté operativo.
En ese tablero, la propuesta de Open Cosmos juega una carta: más que competir por volumen contra megaconstelaciones, compite por seguridad, soberanía y resiliencia; por ser una red diseñada desde el principio para usuarios que no pueden permitirse “zonas grises” en la cadena de comunicación.
Qué hay detrás del concepto “soberano”
“Soberano” no significa solo “europeo”. En el lenguaje actual de infraestructuras críticas, suele querer decir:
- Control de la arquitectura (diseño, operación, actualizaciones).
- Control del espectro y de las rutas (quién prioriza, quién corta, quién audita).
- Resistencia a interferencias (jamming, spoofing, degradación del servicio).
- Menos dependencia de puntos vulnerables (nodos terrestres, estaciones, cables).
- Capacidad de operar en crisis (continuidad y decisión rápida).
ConnectedCosmos intenta responder a cada punto con una pieza concreta: ISL ópticos para rutas en órbita, Ka-band para capacidad, y la integración con EO para contexto operativo.
