Skip to main content

La compañía malagueña aparece en el puesto 11 del ranking web de A16Z, es la única española presente en la tabla y se sitúa como la primera plataforma europea por visitantes mensuales únicos en el ecosistema de IA generativa. 

En la carrera global por convertir la inteligencia artificial generativa en producto de uso masivo, hay una fotografía que ayuda a separar el ruido del impacto real: quién consigue atraer usuarios de forma sostenida y quién logra, además, traducir esa atención en un lugar estable dentro del nuevo mapa del software. En esa fotografía, Freepik sale especialmente reforzada. La firma con sede en Málaga figura en el puesto 11 de la clasificación web del informe The Top 100 Gen AI Consumer Apps — 6th Edition de Andreessen Horowitz, elaborado con datos de Similarweb de enero de 2026. En una lista dominada por gigantes estadounidenses y chinos, Freepik no solo entra en el grupo de cabeza: también se convierte en el único representante español del ranking mostrado por A16Z y en el primero de Europa por visitantes mensuales únicos dentro de esa tabla.

No es un detalle menor. El ranking de A16Z se ha convertido en uno de los termómetros más observados del sector porque no mide promesas, rondas o relatos, sino uso. En esta sexta edición, la firma explica que la clasificación web se basa en visitantes mensuales únicos según Similarweb a enero de 2026, y que desde ahora amplía el foco para incluir también productos de consumo donde la IA generativa se ha convertido en parte central de la experiencia, aunque no hayan nacido originalmente como compañías “AI-native”. Esa ampliación metodológica cambia bastante la lectura del mercado: ya no se trata solo de ver qué chatbot crece más rápido, sino de identificar qué herramientas están integrando la IA en flujos creativos, productivos y cotidianos con tracción suficiente para competir en la primera división global.

Ahí es donde la posición de Freepik adquiere valor estratégico. En el ranking publicado por A16Z, la empresa aparece justo detrás de Google AI Studio y por delante de Doubao, JanitorAI, Quark, Suno o remove.bg, y muy por encima de nombres conocidos del ecosistema creativo y de desarrollo como Lovable, Cursor, Civitai, Midjourney o Kling AI. Estar en esa franja alta no equivale simplemente a “aparecer” en una lista prestigiosa. Significa que la plataforma ha logrado consolidarse como destino recurrente de usuarios en un mercado donde la competencia por atención es extrema y donde una parte importante del tráfico se concentra en pocos actores dominantes, empezando por ChatGPT, Gemini o Canva.

El dato es todavía más interesante cuando se observa el contexto geográfico y competitivo. Entre las primeras posiciones abundan plataformas estadounidenses y asiáticas, con una presencia muy visible de compañías chinas como DeepSeek, Doubao, Quark, Kimi, Qwen, GigaChat o Kling AI, además de los grandes grupos norteamericanos. En ese paisaje, que una compañía nacida en España aparezca tan arriba tiene un valor simbólico y empresarial evidente: demuestra que Europa no solo puede producir regulación y discurso sobre la IA, sino también servicios capaces de captar demanda global en una categoría especialmente dura, la de herramientas creativas y de generación de contenido. Esa lectura no aparece formulada de manera explícita por A16Z, pero se desprende del propio ranking y de la posición relativa de los actores europeos en la tabla.

La relevancia de Freepik no se agota, además, en el informe de consumo. En octubre de 2025, A16Z publicó “The AI Application Spending Report: Where Startup Dollars Really Go”, un análisis realizado junto a Mercury a partir de patrones de gasto de más de 200.000 clientes de esa fintech entre junio y agosto de 2025. Allí, Freepik también salía muy bien situada: el informe la colocaba en el puesto 4 de la lista de aplicaciones de IA nativas más presentes en el gasto observado y la definía como líder dentro de las herramientas creativas, por delante de ElevenLabs dentro de esa categoría. La tesis de A16Z era clara: los productos creativos han dejado de ser herramientas confinadas a departamentos especializados y se están convirtiendo en utilidades horizontales, accesibles para personas de cualquier rol dentro de una empresa.

Ese doble reconocimiento —alto tráfico en consumo y gran presencia en gasto entre startups— dice bastante más que un éxito coyuntural de marca. Sugiere que Freepik está ocupando una posición especialmente valiosa en el ciclo actual de la IA: la de plataforma que funciona a la vez como producto de descubrimiento masivo y como herramienta de trabajo real. Una cosa es atraer curiosidad; otra, bastante más difícil, es convertirse en software de uso recurrente cuando hay presupuestos, deadlines y entregables encima de la mesa. El hecho de que A16Z sitúe a Freepik tan arriba en ambos marcos refuerza la idea de que su crecimiento no depende únicamente del entusiasmo del momento, sino de una utilidad percibida con suficiente profundidad como para sostener recurrencia y gasto.

Hay otro aspecto de fondo que merece atención. Durante años, Freepik fue identificada sobre todo con una gran biblioteca de recursos visuales para diseñadores, marketers, medios y creadores. Ese legado, lejos de convertirse en un lastre en la era de la IA generativa, parece haber funcionado como una ventaja. La ampliación metodológica de A16Z hacia productos donde la IA ya es parte esencial de la experiencia favorece precisamente a las plataformas que han sabido hibridar base de usuarios previa, propuesta creativa clara e incorporación efectiva de funciones generativas. En otras palabras, la nueva fase del mercado no está siendo sólo una competición entre startups nacidas ayer, sino también entre compañías capaces de reinterpretar con rapidez su papel dentro del flujo creativo digital. A16Z lo dice de forma muy explícita al señalar que ahora incluyen productos como Canva, Notion, Picsart, Freepik o Grammarly porque la IA generativa se ha vuelto nuclear en su experiencia de usuario.

Eso ayuda a entender por qué la posición de Freepik tiene un valor especial frente a otras narrativas más simplistas sobre la IA europea. El debate público en Europa suele oscilar entre dos extremos: o bien el pesimismo resignado según el cual todo lo relevante se decide en Silicon Valley o en China, o bien el optimismo institucional que confunde anuncios, pilotos o hubs con tracción real de producto. El caso de Freepik ofrece algo más tangible: una empresa europea que compite en consumo, aparece en rankings globales de uso y también en rankings ligados a gasto empresarial. No estamos ante una promesa de laboratorio ni ante un proyecto respaldado solo por narrativa política, sino ante una marca que se está ganando una posición concreta en la economía de uso de la IA generativa.

También conviene fijarse en la categoría en la que triunfa. Según el informe de gasto de A16Z, las herramientas creativas son la categoría individual más numerosa entre las aplicaciones analizadas. El texto menciona imagen, vídeo, audio, avatares y suites creativas como algunos de los focos donde la IA se está extendiendo de manera más amplia. En ese grupo, Freepik figura como “all-in-one suite”, una descripción importante porque indica amplitud de uso y no sólo fortaleza en una función aislada. En la práctica, cuanto más fragmentado está el trabajo creativo —generar, adaptar, editar, escalar, reformatear, traducir estilos, preparar múltiples formatos— más valor adquieren las plataformas que reducen fricción y concentran tareas. El usuario no busca únicamente generación; busca resolver piezas de un flujo. Y ahí es donde se están consolidando las plataformas con mayor capacidad de permanencia.

La lectura estratégica, por tanto, es doble. Por un lado, Freepik confirma que España sí puede colocar una empresa en la conversación internacional de producto IA de consumo. Por otro, sugiere que una de las grandes oportunidades europeas no pasa necesariamente por competir frontalmente con los grandes modelos fundacionales, sino por construir interfaces, flujos, experiencias y suites de herramientas sobre necesidades muy concretas y masivas. El mercado de IA generativa no se va a repartir sólo entre quienes entrenan los modelos más avanzados. También va a premiar a quienes diseñen mejor el acceso, la utilidad cotidiana y la integración de esas capacidades en tareas reales. El rendimiento de Freepik en los dos informes de A16Z encaja precisamente en esa lógica.

Hay además una derivada reputacional relevante para el ecosistema tecnológico español. Durante mucho tiempo, España ha tenido más facilidad para generar buenos casos en comercio electrónico, turismo, software especializado o plataformas B2B que para colocar marcas tecnológicas en el centro del debate global sobre productos de internet de uso masivo. La emergencia de Freepik en estas clasificaciones ayuda a romper esa inercia. No porque automáticamente convierta a España en una potencia de IA, sino porque ofrece una referencia concreta de competitividad internacional en una de las capas más visibles del sector: la relación directa con millones de usuarios. En una industria donde gran parte de la percepción pública se construye a partir de quién ocupa el top of mind, entrar en una tabla global con este nivel de exposición tiene un efecto que va más allá de la compañía y alcanza a la narrativa de país.

Por supuesto, conviene evitar triunfalismos. Estar bien situado en un ranking de tráfico no garantiza por sí mismo dominio duradero. A16Z recuerda, de hecho, que las listas cambian con rapidez y que el mercado sigue reordenándose a gran velocidad. La propia edición subraya el movimiento constante en categorías como vídeo generativo, asistentes, agentes o herramientas de construcción de apps. En este entorno, el desafío no es solo atraer visitas, sino convertirlas en hábito, comunidad, pago y barreras de salida. La historia reciente de la tecnología está llena de productos que captaron mucha atención durante una fase expansiva y luego quedaron comprimidos por plataformas más grandes, por nuevas capas de distribución o por la simple volatilidad del comportamiento del usuario.

Sin embargo, el caso de Freepik presenta una ventaja frente a esa volatilidad: no parte de cero, ni depende únicamente de una función de moda. A la luz de cómo la describen los informes de A16Z, la compañía parece estar asentándose en la intersección entre creatividad, utilidad horizontal y accesibilidad para perfiles no necesariamente técnicos. Y ese punto es especialmente fértil en la fase actual del mercado. La IA no está creando solo nuevos especialistas; está redistribuyendo capacidades. Personas que antes dependían de equipos externos o de herramientas fragmentadas pueden ahora producir más activos, más variaciones y más iteraciones en menos tiempo. Cuando A16Z sostiene que “todo el mundo puede ser creativo ahora”, está apuntando exactamente a ese desplazamiento de la creatividad desde un nicho profesional a una competencia más transversal dentro de las organizaciones. Freepik parece estar capturando una parte sustancial de ese movimiento.

Tampoco es irrelevante que este reconocimiento llegue desde Andreessen Horowitz, uno de los fondos más influyentes del mundo en la interpretación del mercado tecnológico. Sus informes no son neutrales ni equivalen a una auditoría exhaustiva del sector, pero sí tienen capacidad para fijar marcos de lectura, atraer atención inversora y consolidar categorías mentales en torno a ganadores emergentes. Que Freepik aparezca tan arriba en dos análisis distintos de A16Z significa que la compañía ya no puede ser observada solo como una historia local o europea: ha entrado en un radar global donde se comparan productos por tracción efectiva, no por procedencia.

En el fondo, el buen resultado de Freepik en estos informes cuenta una historia más amplia sobre la evolución de la IA generativa. La primera fase estuvo dominada por el asombro ante los modelos. La segunda, por la batalla por las interfaces y la distribución. La tercera, en la que estamos entrando, parece premiar a las plataformas que combinan marca, flujo de trabajo, profundidad funcional y capacidad de integrarse en necesidades repetibles. Por eso el caso de Freepik importa: no porque haya logrado una foto bonita en una clasificación, sino porque apunta a una forma concreta de competir desde Europa y desde España en el nuevo orden del software. No necesariamente entrenando el mayor modelo del mundo, sino construyendo una puerta de entrada potente, útil y global a la creatividad asistida por IA.

Si el sector tecnológico español busca ejemplos de cómo ganar visibilidad internacional en la IA sin caer en el espejismo del hype fácil, Freepik ofrece ahora mismo uno de los más sólidos. Su posición en el informe de consumo de A16Z y su protagonismo previo en el ranking de gasto entre startups dibujan una señal consistente: la empresa no solo ha entendido hacia dónde iba el mercado, sino que ha conseguido colocarse en uno de los cruces donde más valor se está acumulando. En un ecosistema saturado de herramientas que prometen mucho y desaparecen rápido, eso ya no es una anécdota. Es una toma de posición.

Dejar un comentario