La batalla ya no es solo por quién responde mejor, sino por quién se queda con tu historial: el nuevo “port” de chats convierte la memoria del usuario en el activo más disputado de la IA.
Google está probando una función que, si se confirma tal y como la han detectado varios medios especializados, puede cambiar un hábito que millones de usuarios han asumido como inevitable: perder el historial —y parte del contexto— al cambiar de chatbot. La herramienta aparece con un nombre explícito, “Import AI Chats”, y permitiría importar conversaciones de otros asistentes (con ChatGPT como caso más evidente) a Gemini, el asistente de IA de Google.
A primera vista parece una mejora de “higiene digital”, una de esas utilidades que debería haber existido desde el inicio. En realidad, es un movimiento con muchas capas: portabilidad de datos, competencia por el usuario intensivo, ventajas de plataforma y, sobre todo, control del contexto. Porque el chat no es solo un registro: es la autobiografía funcional del usuario frente a la IA —cómo escribe, qué pide, qué evita, qué decisiones toma y qué tono le funciona—. Y en el mercado actual, esa continuidad vale oro.
La función “Import AI Chats”: cómo funcionaría y por qué importa
Según las capturas y descripciones publicadas, el mecanismo sería relativamente simple: descargar el historial de chat de la plataforma de origen y subirlo a Gemini para que el asistente lo incorpore. En el menú de herramientas de Gemini, donde hoy ya existen opciones como adjuntar archivos o importar código, aparecería este nuevo acceso con una guía breve para completar el traspaso.
El detalle relevante no es la “importación” en sí, sino lo que promete: seguir conversaciones sin empezar de cero y mantener preferencias sin reentrenar al asistente con un largo briefing repetido.
Esto ataca un problema real: en la práctica, muchos usuarios quedan “atrapados” en el chatbot donde construyeron su flujo de trabajo. No por contrato, sino por fricción. Cambiar de asistente implica perder hilos de investigación, prompts refinados, decisiones documentadas, listas, borradores, contexto emocional y profesional. En otras palabras: cambiar de IA se parece demasiado a cambiar de cerebro auxiliar.
Google “utiliza su poder”: el contexto competitivo detrás del botón
Google no llega a esta carrera como un actor cualquiera. Llega con una combinación única: Android, Chrome, Gmail, Drive, Search, YouTube y una infraestructura de nube y datos que atraviesa la vida digital de una parte enorme del planeta. Cuando Google introduce una función de “entrada” (importar) en Gemini, no solo reduce la fricción: construye una autopista hacia su propio ecosistema.
La portabilidad tiene una lectura pro-usuario (menos dependencia), pero también una lectura estratégica: si el usuario puede traer su pasado, es más fácil que se quede en tu futuro. Esto es especialmente sensible en IA conversacional, donde la “calidad” ya no se percibe únicamente por benchmarks: se percibe por continuidad, familiaridad y confianza operacional.
Por eso, “Import AI Chats” se entiende como un gesto de competencia frontal: Gemini quiere ser un destino, no un experimento secundario. Y para lograrlo necesita romper un patrón: el de “ya tengo todo en ChatGPT”.
Portabilidad… ¿o nueva dependencia? La letra pequeña de la memoria importada
Aquí aparece la pregunta incómoda: ¿qué ocurre con esos chats una vez entran en Gemini?
Las informaciones disponibles, al menos por ahora, apuntan a que se trataría de una función integrada en Gemini, con un archivo que el usuario carga. Pero hay varios puntos críticos que todavía no están claros públicamente:
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Alcance real de la importación. ¿Se importan solo textos? ¿También imágenes, adjuntos, enlaces, estructura de hilos? Algunos reportes sugieren la ambición de trasladar “conversaciones” de forma completa, pero el detalle técnico no está confirmado.
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Qué hace Gemini con ese material. ¿Se usa solo como historial personal? ¿Se integra en “Gemini Activity”? ¿Afecta a personalización? Estas diferencias importan porque cambian el riesgo de privacidad y el valor de producto.
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Interoperabilidad de ida y vuelta. La historia de la tecnología está llena de “puentes” que solo funcionan en una dirección: importar es fácil; exportar, no tanto.
Y aquí se juega el concepto de “poder”: la empresa que domina el punto de entrada suele dominar el estándar de facto. En ausencia de formatos universales y API comunes, la portabilidad puede convertirse en un mecanismo de captación más que en un derecho efectivo del usuario.
El verdadero producto: tu contexto
En 2026, la IA generalista está entrando en una fase distinta. La respuesta brillante ya no basta; el usuario quiere:
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persistencia (que recuerde),
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continuidad (que retome),
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transferibilidad (que no lo pierdas todo si cambias),
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control (que puedas decidir qué se guarda y qué no).
La importación de chats es un paso directo hacia esa persistencia. Pero también confirma algo: el nuevo “lock-in” no es la app, es la memoria. Si el historial se vuelve el núcleo del valor, el mercado tenderá a competir por acumularlo.
La otra pista: imágenes 2K/4K y verificación “Likeness”
La filtración no llega sola. Los mismos reportes señalan que Google trabaja en descargas de imágenes generadas en alta resolución (2K y 4K) y en un ajuste llamado “Likeness” que enlaza con una página de verificación de vídeo, lo que sugiere herramientas para autenticación o control de similitud/identidad.
En imágenes, la alta resolución tiene una lectura evidente: Gemini quiere competir en la capa creativa y de producción (presentaciones, campañas, assets de marca). Y Google ya documenta en su ecosistema técnico la generación de imágenes hasta 4K en determinados contextos y configuraciones, al menos en su stack de Gemini/imagen.
En “Likeness”, el subtexto es aún más interesante: 2025 y 2026 están marcados por el conflicto entre contenido sintético y confianza pública. Un ajuste de “similitud” vinculado a verificación de vídeo encaja con un mundo donde la pregunta ya no es “¿puedo generar un vídeo?”, sino “¿puedo demostrar qué es real, qué es manipulado y a quién se parece?”.
Leídas juntas, las tres funciones dibujan un patrón: Gemini quiere ser un hub (de memoria importada), un taller creativo (2K/4K) y un entorno con capa de confianza (verificación). No es solo un chatbot: es una plataforma de trabajo.
El ángulo regulatorio: cuando la IA se parece a los navegadores y las tiendas de apps
Hay un antecedente que conviene recordar: durante años, reguladores y competidores han acusado a grandes plataformas de jugar con ventaja cuando controlan el sistema operativo, el navegador o el motor de búsqueda. La IA conversacional puede convertirse en el siguiente “punto de control”.
Si Gemini facilita traer tu historial desde otros servicios, la operación parece pro-competitiva. Pero el debate regulatorio —si llega— probablemente mirará también:
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cómo se presenta la opción al usuario (prominencia, nudges),
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qué tan fácil es salir (exportación),
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qué ocurre con los datos importados (retención, uso secundario),
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si hay estándares abiertos o formatos compatibles.
No porque importar sea malo, sino porque en manos de un actor con alcance global, incluso una función útil puede reforzar asimetrías estructurales.
Qué podemos afirmar hoy (y qué no)
A fecha de 4 de febrero de 2026, lo publicado describe funciones en prueba, detectadas en menús y flujos internos, no un lanzamiento general confirmado con fecha pública. Es decir: el movimiento existe como señal, pero su forma final (y sus condiciones) todavía pueden cambiar.
Lo que sí deja claro es la dirección del mercado: la guerra de la IA entra en la fase de la portabilidad y la confianza, además de la potencia de modelo.