La explosión de la demanda eléctrica impulsada por la inteligencia artificial en Europa coincide con un momento de turbulencias geopolíticas —como la reciente crisis Trump-Maduro— que tensan aún más la seguridad del suministro y el rumbo de los precios del petróleo y del gas.
La llegada masiva de la inteligencia artificial (IA) y la expansión de los centros de datos en Europa no solo suponen una revolución tecnológica y económica: están transformando de manera significativa el mercado energético del continente, en un contexto en el que conflictos globales —como la intervención de Estados Unidos en Venezuela y la captura de Nicolás Maduro— añaden una capa de complejidad al abastecimiento de combustibles fósiles básicos para la producción eléctrica y la estabilidad de precios. Esta interacción entre demanda digital y geopolítica coloca a Europa en una encrucijada energética clave para la próxima década.
Este análisis se basa principalmente en la información original de The Information sobre cómo la IA está cambiando el mercado energético global, así como en informes y proyecciones de instituciones europeas y de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) que contextualizan estos impactos desde la perspectiva del Viejo Continente.
IA y demanda eléctrica: Europa bajo presión
Desde Bruselas hasta Dublín, pasando por Madrid y Varsovia, los centros de datos orientados a IA están proliferando con rapidez. En 2024, estos centros representaron alrededor del 2 % del consumo eléctrico en Europa (cifras que alcanzan el 3 % en la UE), y la AIE proyecta que esta demanda podría más que duplicarse hacia 2030 a medida que aumentan los servicios basados en IA, los modelos de lenguaje gigantes y las capacidades de cálculo en la nube.
Esta presión no es homogénea: ciudades como Frankfurt, Londres, Ámsterdam, París e incluso Dublín albergan la mayor concentración de infraestructura digital europea, generando tensiones locales en redes eléctricas que ya tienen que gestionar intermitencias renovables y picos estacionales.
El Parlamento Europeo ha destacado que este fenómeno plantea desafíos directos para la sostenibilidad, la estabilidad de la red y los objetivos climáticos de la UE: la necesidad de electricidad constante y fiable para IA puede entrar en conflicto con una transición que busca maximizar renovables intermitentes sin un almacenamiento robusto.
El pragmatismo energético: vuelta al gas y a fuentes firmes
Al igual que describe The Information para el mercado global, las grandes tecnológicas y operadores europeos están enfrentando un dilema similar: las renovables son esenciales para los objetivos climáticos, pero no siempre pueden garantizar suministro 24/7 por sí solas. Esto ha llevado a una creciente dependencia de fuentes de energía firme, como gas natural y, en algunos casos, carbón, especialmente donde la red renovable aún no está madura.
La AIE y otros análisis del sector alertan que esta tendencia puede ralentizar las reducciones de emisiones previstas si no se acompaña de almacenamiento a gran escala y redes inteligentes.
Geopolítica, petróleo y gas: la sombra de Trump y Venezuela
En este contexto energético ya complejo, la política exterior de Estados Unidos y sus repercusiones geopolíticas han cobrado un papel inesperado. La reciente intervención de fuerzas estadounidenses en Venezuela y la captura del presidente Nicolás Maduro generan un nuevo tablero de influencia sobre uno de los mayores reservorios de petróleo del mundo, algo que el primer ministro húngaro Viktor Orbán interpretó como una oportunidad para estabilizar o incluso mejorar las condiciones energéticas globales.
Este evento tiene implicaciones directas para Europa en diversas dimensiones:
-
Precio del petróleo: una mayor implicación de Estados Unidos en la explotación o control de reservas venezolanas podría alterar el equilibrio de poder en la oferta petrolera mundial, presionando hacia abajo los precios del crudo o, alternativamente, estimulando incertidumbres según evolucionen sanciones y cadenas logísticas. Esto influye directamente en los costes del refinado de productos esenciales como el diesel y el fuel que, aunque en retroceso frente a la electrificación, siguen siendo componentes clave del suministro energético y de la generación en picos.
-
Mercados del gas: Europa depende en gran medida del gas importado, y el contexto internacional del petróleo afecta indirectamente los mercados de gas licuado (GNL). Un cambio en la producción venezolana puede reconfigurar rutas de exportación, influir en la competitividad del GNL estadounidense frente al europeo y complicar aún más la estrategia de descarbonización.
-
Seguridad de suministro: la UE ha buscado diversificar sus fuentes de energía tras las crisis con Rusia, combinando GNL norteamericano y otros suministros. La crisis Maduro y la política estadounidense subrayan la vulnerabilidad de estas cadenas y la necesidad de reforzar la autonomía energética europea.
Europa: entre objetivos climáticos y realidad operativa
Todo este escenario pone de manifiesto una tensión clave: la UE aspira a reducir emisiones y avanzar hacia una red 100 % limpia, pero la infraestructura existente y la explosión de demanda impulsada por la IA requieren soluciones pragmáticas, que incluyen gas como respaldo, inversión en redes inteligentes y, potencialmente, un papel mayor para fuentes firmes bajas en carbono como la nuclear.
Al mismo tiempo, el Plan de Acción “Continente IA” de la Unión Europea busca triplicar su capacidad de centros de datos en la próxima década, subrayando la importancia estratégica de no perder competitividad tecnológica frente a Estados Unidos y China, aunque esto implique tensiones adicionales sobre la capacidad energética disponible.
La IA acelera tensiones y expone vulnerabilidades
La inteligencia artificial, con su demanda energética creciente, actúa como un acelerador de dinámicas que ya estaban en marcha en Europa: la necesidad de redes más robustas, la modernización de infraestructura, y la constante negociación entre metas climáticas y seguridad de suministro. Estos retos se ven amplificados por cambios geopolíticos recientes en mercados de petróleo y gas, como la crisis Trump-Maduro, que pueden afectar precios, flujos comerciales y la disponibilidad de combustibles fósiles a corto y medio plazo.
Europa se encuentra así en un punto crítico: debe expandir capacidad eléctrica fiable, equilibrar fuentes renovables y firmes, y fortalecer su autonomía energética en un mundo donde la IA y la geopolítica global marcan el ritmo de la transformación del mercado energético.
Abre un paréntesis en tus rutinas. Suscríbete a nuestra newsletter y ponte al día en tecnología, IA y medios de comunicación.