Skip to main content

Ya hace un tiempo comentaba por estos lares del “Efecto Vinilo”: esa añoranza por la música en tocadiscos. Pero 2026 empieza fuerte, y el hecho de que el 2016 sea ‘trend’ me hace plantear varias cuestiones…¿existenciales?

Sabemos que la nostalgia vende. Pero tanto como en este 2026, no recuerdo haber visto nada así: vuelve el iPod, la estética Windows Vista, echamos de menos que Google no tuviera anuncios, los videoclubs… Y sino, pensemos: ¿qué ya no existe a día de hoy y que nuestra memoria colectiva trae de vuelta, en términos tecnológicos?

Sin embargo, ante este panorama, quiero preguntarme si esto es una causa —o bien una consecuencia— de la ansiedad algorítmica. Cierto es que de cada vez entendemos más cómo funciona la IA y cómo tenemos que llevar a cabo buenos usos. Pero en la otra cara de la moneda tenemos una creciente inseguridad, y no hablo de los ciberataques programados. Más bien, me refiero a cosas como las miles de polémicas, denuncias y procedimientos legales contra Grok por generar desnudos sin consentimiento —se veía venir—.

O al hecho de que los adolescentes tengan miedo de utilizar IA por perder su razonamiento crítico. O que cada vez sean más los casos en los que se usa a ChatGPT como amigo, psicólogo, confidente, abogado… Y que las compañías han tenido que ‘recortar’ los modelos de lenguaje para que estos sean menos complacientes. O, directamente, inciten a la gente que consulte con abogados de verdad.

¿Tenemos miedo de estas cosas que pasan y queremos volver al 2016 cuando todo era una balsa de aceite? Cierto es que nuestro cerebro tiende a romantizar el pasado. Y que si lees según qué noticias te apetece comprar ‘trankimazín’ en trasatlántico.

¿O más bien, todo el tema de 2016 es una moda pasajera y nos acabaremos olvidando pronto? Pienso que es más lo primero. Pero tampoco creo que tengamos que ponernos en una tesitura de “o todo o nada”. Me apuesto lo que sea a que si, por unos días, todos volviésemos a las experiencias de uso y navegación de hace diez años —sabiendo todo lo que sabemos ahora—, pediríamos volver a disponer lo que tenemos ahora.

Ahora bien. ¿Un iPod de segunda mano para escuchar música sin internet? Sí. ¿Reproducir un DVD sabiendo que no te saltarán anuncios a mitad de película? Por favor. ¿Ir a una tienda de vinilos y poder tocar esas canciones? Ración doble. ¿Usar una cámara analógica y olvidarse de compartir en Instagram, poner filtros bonitos y no repetir la misma toma 40 veces? Justo es lo que hago desde hace unos meses.

Más que nunca, la virtud de la templanza ha de ser protagonista. Del mismo modo que no podemos dejarnos llevar por la narrativa de que “todo avance es mejor, simplemente por ser avance”, tampoco podemos caer en la trampa de que “todo tiempo pasado fue mejor”.

Y no es que el presente sea una cama de rosas. Pero si echamos la vista atrás y sólo nos quedamos con lo bonito, es entonces donde vamos a perder nuestra capacidad crítica. Sólo de este modo conseguiremos pensar a base de nostalgia, y nos olvidaremos de los verdaderos avances. Mientras, quiénes decidan no apostar por el ‘trend’ de 2016 camparán a sus anchas: se quedan ellos el poder, nosotros no.

Si sabemos a donde vamos, tenemos que saber de donde venimos. Y hemos de decidir si quedarnos con lo mejor de ambos mundos, o con los peores ingredientes de cada plato.

Antoni Mateu Arrom

Soy periodista especializado en ciencia y tecnología. La IA y el cambio climático son dos de mis grandes especialidades. Aunque también la tecnología de consumo y sus aplicaciones en el día a día, también son mi debilidad. Creo en esta profesión como una manera de divulgar conocimiento.

Dejar un comentario