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En el India AI Impact Summit, Sam Altman (OpenAI) y Dario Amodei (Anthropic) mantuvieron sus manos separadas cuando Narendra Modi invitó a los líderes a alzarlas juntos: un gesto mínimo que retrató la rivalidad más intensa del sector.

La escena duró segundos y, sin embargo, condensó meses —y quizá años— de tensión acumulada entre los dos laboratorios más influyentes de la inteligencia artificial. En el escenario del India AI Impact Summit en Nueva Delhi, el primer ministro Narendra Modi animó a los ejecutivos presentes a un gesto de unidad: unirse de la mano y levantar el brazo como símbolo de compromiso compartido. La mayoría de líderes obedeció. Dos no lo hicieron: Sam Altman, consejero delegado de OpenAI, y Dario Amodei, CEO de Anthropic, levantaron el puño… pero mantuvieron sus manos ostensiblemente separadas.

La imagen se viralizó de inmediato. No era un desplante explícito, ni un discurso contra nadie. Era una distancia física mínima —unos centímetros— convertida en metáfora: la carrera por la IA ya no se juega solo en benchmarks y lanzamientos, sino en posicionamiento, relato, control del ecosistema y, cada vez más, geopolítica tecnológica.

Un gesto pequeño, una rivalidad enorme

Reuters describe el momento como una “pose de unidad” que se volvió incómoda precisamente por la excepción. Altman, según el mismo relato, pareció incómodo y desvió la mirada mientras otros líderes —incluido Sundar Pichai (Alphabet/Google)— seguían la pauta de Modi.

Lo más interesante no es la coreografía, sino lo que revela: el sector vive una “guerra fría” corporativa donde OpenAI y Anthropic compiten por talento, cuota de mercado, legitimidad moral y control de la interfaz con el usuario. Y esa rivalidad, que durante un tiempo se podía disimular bajo el paraguas genérico de “la IA avanza”, ya se expresa también en el plano simbólico.

Altman intentó rebajar el episodio con una explicación posterior: dijo a Moneycontrol que no entendía bien qué se esperaba en el escenario. Pero, incluso si fue espontáneo, el resultado comunicativo fue potente: el público vio a los dos grandes rivales incapaces de representar unidad en un acto diseñado para proyectarla.

De desacuerdo fundacional a guerra comercial abierta

La competencia entre ambas compañías tiene una genealogía concreta. Anthropic fue cofundada en 2021 por Amodei y otros exmiembros de OpenAI tras discrepancias internas sobre seguridad, comercialización y estilo de liderazgo. La ruptura dejó de ser un debate de laboratorio para convertirse en una rivalidad estructural: dos culturas, dos narrativas y dos estrategias de producto que compiten por el mismo espacio central.

En los últimos meses, la tensión dejó de ser subtexto y se volvió publicidad. Reuters recuerda que en la Super Bowl Anthropic emitió anuncios satíricos que atacaban la idea de que OpenAI introdujera publicidad dentro de ChatGPT. Es un salto cualitativo: pasar del “nos diferenciamos” al “señalamos al rival en prime time”. La IA, aquí, se comporta como una industria madura: marca, posicionamiento, descalificación y “guerra de valores”.

El resultado es un tablero donde cualquier gesto —también uno corporal— se interpreta como señal. No hace falta un comunicado: basta una foto.

India como escenario: por qué esta cumbre importa tanto

Que el episodio ocurra en India no es anecdótico. Nueva Delhi está intentando convertir su mercado —y su sistema político— en un polo de atracción para inversión, infraestructura y formación en IA. Reuters sitúa el summit dentro de ese esfuerzo, con un evento que, pese a los problemas organizativos, logró atraer promesas de inversión por más de 200.000 millones de dólares.

Ese telón de fondo multiplica la relevancia del gesto. India no solo es un mercado masivo: es un campo de disputa por alianzas empresariales, acuerdos con el sector público, acceso a talento y normalización de herramientas en educación y administración. Si la IA es infraestructura, India quiere ser un nodo central. Y si India es un nodo central, los líderes de IA quieren estar cerca… pero no necesariamente juntos.

Reuters añade un contexto que refuerza la idea de evento de alto voltaje: Bill Gates canceló su participación pocas horas antes de su keynote, en una cumbre ya marcada por incidentes, quejas de tráfico y un “robot row”. Aun así, el foro consiguió reunir a la élite tecnológica mundial. Y en un escenario así, la comunicación no verbal pesa.

La batalla por el relato: seguridad, anuncios y “cómo” se monetiza la IA

Detrás de la incomodidad pública hay una disputa estratégica: cómo se monetiza la IA y qué concesiones implica esa monetización. La publicidad en un producto conversacional no es un detalle cosmético: afecta a incentivos, confianza y percepción de neutralidad. De ahí que la supuesta introducción de anuncios en ChatGPT sea un punto de fricción utilizable como arma de marca.

Anthropic intenta ocupar el territorio “seguridad y sobriedad”; OpenAI, el de “escala y utilidad masiva”. Cada uno puede presentar al otro como lo que necesita para diferenciarse: el riesgo de convertirse en plataforma publicitaria frente al riesgo de convertirse en sistema restrictivo. En ese marco, la cumbre india funciona como escaparate global y el “momento de unidad fallida” es un micro-relato perfecto para redes: simple, visual, interpretable.

Cuando el poder ya no está solo en el modelo

El episodio también encaja con una realidad más amplia: la industria está entrando en una fase donde el liderazgo no depende únicamente de entrenar el mejor modelo. Importan la distribución, las alianzas, los acuerdos institucionales, la integración en empresas y la captura del talento. La cumbre india, con anuncios de despliegue y expansión, es precisamente el lugar donde se negocia esa capa.

La competencia entre laboratorios se parece cada vez menos a una carrera científica pura y más a una carrera por definir estándares de uso: qué herramientas entran en universidades, qué agentes se integran en flujos de trabajo, qué acuerdos se cierran con gigantes locales, qué normas se aceptan como “buenas prácticas”. En ese tablero, rivalidad y cooperación son inevitables… pero no simétricas. Y, a veces, ni siquiera fotogénicas.

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