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Jeremy liderará la estrategia comercial de Suno, las relaciones con la industria musical, las alianzas con plataformas y las soluciones para empresas. 

La startup de música generativa Suno ha nombrado a Jeremy Sirota, ex CEO de Merlin, como Chief Commercial Officer (CCO), un movimiento que no se entiende solo como un fichaje ejecutivo, sino como un mensaje: el gran cuello de botella de la música con IA ya no es la demo, sino la arquitectura comercial y de licencias que permita escalar sin incendiar el sector. Según el comunicado citado por medios especializados, Sirota reportará directamente al CEO y cofundador Mikey Shulman y se encargará de la estrategia comercial, las relaciones con la industria, las alianzas con plataformas y las soluciones enterprise.

El nombramiento llega en un momento de máxima tensión para Suno: la compañía presume de una comunidad masiva de creadores y de un crecimiento meteórico, pero sigue bajo fuego por litigios de copyright con grandes actores del negocio musical. En junio de 2024, la RIAA, en nombre de Universal Music Group (UMG), Sony Music y Warner Music Group, presentó demandas contra Suno y su rival Udio por lo que describió como infracción “a escala masiva”. 
La cobertura de Reuters de aquel momento situaba el conflicto en el centro del debate global: si entrenar modelos con grabaciones protegidas sin licencia puede considerarse “fair use” o si, por el contrario, es un atajo ilegal que amenaza el mercado de la música grabada.

Un fichaje con lectura estratégica: Suno quiere pasar de producto viral a “infraestructura”

Suno cerró en noviembre una Serie C de 250 millones de dólares a una valoración post-money de 2.450 millones, liderada por Menlo Ventures y con participación de NVentures (NVIDIA), entre otros. En ese escenario, la pregunta clave para inversores y para la industria musical es: ¿cómo monetiza Suno sin que el negocio se le rompa por el lado legal y reputacional? Ahí entra Sirota, precisamente un ejecutivo que viene del mundo donde la música no es “contenido”, sino derechos, y donde el crecimiento depende de firmar acuerdos que aguanten auditorías, conflictos territoriales y tensiones entre majors, independientes y plataformas.

Quién es Jeremy Sirota y por qué importa su pasado en Merlin

Merlin es un socio de licencias digitales para sellos y distribuidores independientes. Suno y la prensa especializada subrayan el hito que Sirota deja atrás: durante su etapa como CEO, Merlin habría escalado ingresos anuales de 900 millones a 1.800 millones de dólares, modernizando infraestructura tecnológica y ampliando capacidades de datos y licencias.
Esa cifra también aparece en resúmenes sectoriales y boletines de la industria que reproducen el argumentario del comunicado.

Además, Sirota trae un perfil “puente” típico de quienes cierran pactos complejos: pasó por el equipo de música de Meta, fue ejecutivo en Warner Music Group y ejerció como abogado tecnológico en Morrison Foerster trabajando en licencias y propiedad intelectual.

En otras palabras: Suno coloca al frente comercial a alguien cuya carrera ha orbitado alrededor de la gran pregunta que hoy divide a la música con IA: quién paga, a quién, por qué uso, con qué controles y con qué trazabilidad.

El contexto que lo cambia todo: de “entrenamiento” a acuerdos con restricciones

La industria musical ha empezado a explorar pactos con empresas de IA, pero el diseño de esos pactos es el campo de batalla. Un ejemplo reciente es Udio: en octubre de 2025, UMG anunció un acuerdo y una colaboración para una nueva plataforma, con un enfoque que varios medios describieron como un entorno controlado (“walled garden”) donde las creaciones no se extraen libremente.
Otros relatos periodísticos detallaron que ese modelo conllevó restricciones de descarga y control de distribución fuera de la plataforma.

Con Suno, la historia ha ido por otra vía. En noviembre de 2025, Warner Music Group alcanzó un acuerdo con Suno que incluía una asociación y la transición hacia modelos “licenciados” en 2026, junto a cambios en descargas (más control para free tier y limitaciones para pago). 
La propia Warner publicó un resumen del acuerdo y de las futuras restricciones, describiendo que, en adelante, descargar requerirá cuenta de pago y que habrá escenarios en los que el contenido del free tier no será descargable.
Suno, a su vez, insistió en que la descarga es central para su comunidad y que no desaparecerá, aunque sí quedará asociada a planes de pago y límites por nivel.

Este choque de modelos —plataformas abiertas con descarga frente a jardines amurallados— se ha convertido en una disputa casi ideológica dentro del sector. El propio Paul Sinclair, fichado por Suno en 2025 como Chief Music Officer, lo planteó en una nota pública en LinkedIn titulada “Open Studios, not walled gardens”, tras la semana de los Grammy.
Y Billboard recogió el pulso, incluyendo la dimensión política del relato: quién “protege” a los artistas y quién está intentando fijar las reglas de la próxima interfaz musical.

Con Sirota como CCO, Suno parece decir: queremos negociar desde la experiencia del licensing, no solo desde el marketing del creador.

La otra cara: litigios abiertos y presión de entidades de gestión en Europa

Aunque Warner firmó, Suno —según la prensa especializada— mantiene frentes legales abiertos con UMG y Sony Music, además de demandas de sociedades europeas como Koda (Dinamarca) y GEMA (Alemania).
Koda, en particular, llevó el conflicto a tribunales y lo enmarcó como un caso de uso no autorizado, subrayando que la innovación no puede construirse sobre obras sin consentimiento.

La suma de procesos en EE. UU. y Europa dibuja el mapa real del problema: incluso si un actor logra acuerdos con una major, el sistema de derechos musicales tiene múltiples capas —grabación, composición, territorios, sociedades de gestión— y cualquier agujero legal puede convertirse en una nueva demanda.

En ese contexto, el papel de un CCO no es “vender”: es diseñar una estrategia de legitimidad que permita a Suno negociar marcos de licencia, auditoría y reparto económico que sean aceptables para sellos, publishers, plataformas y, sobre todo, para artistas que temen competir contra un océano de música generada.

Qué puede hacer Sirota en Suno: cuatro frentes probables

Con la descripción oficial del puesto —estrategia comercial, relaciones con la industria, alianzas de plataforma y enterprise— se intuyen cuatro líneas de trabajo que justifican el fichaje:

  1. Licensing y marcos de compensación: convertir acuerdos puntuales en un sistema repetible, medible y escalable.
  2. Partnerships con plataformas: distribución, integración y formatos; el “siguiente formato digital” que Suno menciona depende de estar donde está la audiencia.
  3. Oferta para empresas: herramientas para medios, marcas o creadores profesionales con garantías (compliance, derechos, trazabilidad).
  4. Gestión del riesgo reputacional: un ejecutivo que viene de Merlin —con ADN pro-rightsholder— puede ayudar a neutralizar el relato de “scraping” y a construir un discurso de colaboración.

No es casual que Suno defina su misión como “dar forma al próximo formato digital de música grabada”, uno más interactivo, donde fans y artistas se relacionen de otra manera. En 2026, esa visión ya no se mide por lo espectacular del audio generado, sino por si la compañía logra un encaje estable con los dueños de derechos.

El movimiento en una frase: Suno se compra tiempo (y credenciales) para negociar

La llegada de Sirota también tiene una lectura defensiva. En los últimos meses, el sector ha visto cómo algunas empresas de IA pasan de la confrontación a pactos con condiciones duras. Si el futuro “oficial” de la música generativa se parece a un ecosistema de licencias, filtros y límites, Suno necesita un negociador que hable el idioma del licensing con credibilidad.

Sirota, por su parte, lo formuló en términos de “futuro interactivo” de la música y de una oportunidad para añadir capas de creatividad y conectividad. La pregunta que queda es si esa promesa podrá coexistir con el requisito central de la industria: que el negocio de la IA no valide modelos que degraden el valor del catálogo humano.

De momento, el mensaje del fichaje es claro: Suno quiere jugar esta partida en la mesa grande —y sabe que, para hacerlo, necesita algo más que un buen modelo. Necesita acuerdos.

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