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La orden ejecutiva obliga a las agencias federales a sustituir «inteligencia artificial» e «IA» por «superinteligencia» y «SI», aunque la comunidad tecnológica utiliza desde hace décadas ese concepto para referirse a máquinas hipotéticas capaces de superar ampliamente la inteligencia humana.

Donald Trump ha convertido una cuestión aparentemente semántica en política oficial de Estados Unidos. El presidente firmó el 29 de septiembre una orden ejecutiva que establece que los departamentos y agencias del Gobierno federal deberán utilizar las expresiones «Super Intelligence» y «SI» en lugar de «Artificial Intelligence» y «AI» en correspondencia oficial, comunicaciones públicas, páginas web, informes y documentos políticos. El cambio culmina una campaña iniciada días antes por el propio Trump, que considera que la palabra «artificial» transmite una imagen equivocada de una tecnología que Estados Unidos pretende liderar frente a China. La decisión tiene una particularidad nada menor: lo que la Casa Blanca denomina ahora superinteligencia sigue siendo, jurídicamente, la misma tecnología que hasta ayer definía como inteligencia artificial.

La orden ejecutiva, titulada Inaugurating the Era of Super Intelligence, argumenta que las tecnologías actuales han superado ampliamente aquello que imaginaban los científicos que bautizaron el campo de la inteligencia artificial hace unos setenta años. Según la Casa Blanca, los sistemas de frontera ya no se limitan a imitar o automatizar determinadas capacidades humanas, sino que amplifican el ingenio, la creatividad y las posibilidades de actuación de las personas en ámbitos como la ciencia o la medicina. Sobre esa base, la Administración considera que «superinteligencia» expresa mejor su potencial. La orden puede consultarse íntegramente en la Casa Blanca.

De un discurso ante la ONU a una orden ejecutiva

El cambio no surgió de la burocracia federal ni de un debate académico. Trump lo planteó públicamente el 22 de septiembre durante su intervención ante la Asamblea General de Naciones Unidas. Allí argumentó que utilizar la palabra «artificial» hace que la tecnología parezca falsa y anunció que los documentos estadounidenses pasarían a emplear «superinteligencia». «SI» sustituiría así a las universalizadas siglas «AI». Antes incluso había sondeado alternativas como «extreme intelligence» o «superior intelligence» mediante encuestas en sus redes sociales.

La Administración comenzó a ejecutar la instrucción inmediatamente. El Departamento de Estado pidió a diplomáticos de su Oficina de Organizaciones Internacionales que sustituyeran las referencias a inteligencia artificial por superinteligencia en sus comunicaciones. Michael Kratsios, asesor científico de la Casa Blanca, adoptó también públicamente la expresión para hablar de la tecnología «anteriormente conocida como IA». Una semana después del discurso de Trump, la orden ejecutiva convierte aquella preferencia presidencial en una directriz formal para el conjunto del poder ejecutivo federal.

El alcance de la orden, sin embargo, tiene límites jurídicos. No obliga a reescribir retrospectivamente regulaciones, contratos, subvenciones, acciones presidenciales ni documentos históricos. Tampoco puede modificar por sí sola las leyes aprobadas por el Congreso en las que aparece la expresión inteligencia artificial. Por ello, Trump ordena a su asesor de Ciencia y Tecnología que, en un plazo de 60 días, prepare una propuesta legislativa para establecer una definición federal de «Super Intelligence» y estudiar qué modificaciones serían necesarias en las referencias legales existentes a «artificial intelligence» y «AI».

El problema: «superinteligencia» ya significa otra cosa

La decisión abre una considerable paradoja terminológica. En investigación sobre inteligencia artificial, superinteligencia no es tradicionalmente un sinónimo de IA. Se utiliza para describir una categoría hipotética de sistemas cuya capacidad intelectual superaría ampliamente la de los mejores seres humanos en prácticamente todos los dominios cognitivos. El concepto lleva décadas presente en la literatura académica y posteriormente se convirtió en una pieza central de los debates sobre inteligencia artificial general, riesgos existenciales y control de sistemas avanzados. Axios ha señalado precisamente esta contradicción: Trump utiliza el término para rebautizar toda la IA mientras que una parte de la industria lo reserva para un estadio tecnológico que, según las definiciones habituales, todavía no se ha alcanzado.

La propia orden refleja indirectamente esta dificultad. Mientras no exista una nueva definición aprobada por el Congreso o establecida mediante otra acción presidencial, «Super Intelligence» y «SI» tendrán jurídicamente el mismo significado que «artificial intelligence» en la legislación federal estadounidense. Es decir, Estados Unidos cambia inicialmente el nombre, pero no el objeto al que se refiere. La Administración quiere posteriormente construir una definición propia que pueda «modificar, ampliar o sustituir» la definición legal existente.

Esta diferencia resulta especialmente relevante porque el debate sobre la superinteligencia se ha intensificado precisamente en las últimas semanas. Responsables de algunos de los principales laboratorios de IA han advertido sobre los riesgos asociados al rápido incremento de las capacidades de los modelos y han pedido reforzar las salvaguardas. Utilizar el mismo término para designar tanto los sistemas actuales como una hipotética inteligencia superior a la humana puede difuminar una distinción técnica que hasta ahora permitía separar dos debates diferentes.

Trump convierte la IA en una cuestión de competencia con China

La operación lingüística tampoco puede separarse de la política tecnológica de la Casa Blanca. Trump ha presentado reiteradamente el desarrollo de la inteligencia artificial como una competición estratégica con China y ha rechazado medidas que, a su juicio, puedan reducir la velocidad de las empresas estadounidenses. En su discurso ante Naciones Unidas afirmó que no quería frenar una tecnología que considera potencialmente más trascendental que la Revolución Industrial.

La nueva orden llega, además, en un momento de creciente preocupación pública por la seguridad de los modelos avanzados. Trump reunió el 29 de septiembre en la Casa Blanca a dirigentes de las principales compañías tecnológicas y de IA. Representantes de Google, Meta, OpenAI, Anthropic, Nvidia y otras empresas participaron en un acuerdo voluntario sobre seguridad que contempla controles internos y evaluaciones externas independientes. Trump presentó ese compromiso como una fórmula de autorregulación de la industria, aunque el pacto no tiene la fuerza jurídica de una regulación federal obligatoria. Reuters explica los detalles del encuentro y del acuerdo en su información sobre la reunión de Trump con los principales ejecutivos de IA.

La elección de la palabra «superinteligencia» adquiere así también una dimensión política. Frente a una narrativa centrada en los peligros de sistemas potencialmente incontrolables, la orden de Trump describe la tecnología fundamentalmente en términos de oportunidades, creatividad, ciencia, medicina y liderazgo estadounidense. La Casa Blanca afirma explícitamente que la terminología gubernamental debe reflejar las capacidades transformadoras y las oportunidades que estas tecnologías pueden proporcionar a los ciudadanos estadounidenses.

Una palabra en medio de la batalla por controlar la IA

El cambio coincide paradójicamente con un momento en que la seguridad ocupa cada vez más espacio en Washington y Silicon Valley. Una encuesta Reuters/Ipsos citada tras la reunión de la Casa Blanca señala que el 73% de los estadounidenses consultados considera que las empresas de IA no están haciendo lo suficiente para garantizar que sus sistemas sean seguros. Al mismo tiempo, la expansión de los centros de datos está provocando controversias locales por el consumo eléctrico, el agua y sus efectos sobre las comunidades donde se construyen estas infraestructuras.

Trump intenta mantener simultáneamente dos posiciones: evitar que una regulación demasiado restrictiva reduzca la ventaja tecnológica estadounidense y aceptar que los sistemas más avanzados necesitan mecanismos de seguridad. El acuerdo voluntario con las grandes tecnológicas responde a esa búsqueda de equilibrio, aunque críticos y expertos discrepan sobre si la autorregulación puede ser suficiente ante modelos cada vez más capaces.

En este contexto, sustituir IA por SI es mucho más que modificar dos palabras en los documentos oficiales. La terminología condiciona la manera de presentar una tecnología y, por extensión, el debate sobre ella. Hablar de «inteligencia artificial» remite a una disciplina científica con siete décadas de historia. Hablar de «superinteligencia» introduce inevitablemente conceptos relacionados con máquinas que superan las capacidades humanas, aunque la Administración Trump utilice ahora el término con un significado mucho más amplio.

Estados Unidos abre así un experimento lingüístico de enormes dimensiones. Miles de documentos, páginas gubernamentales, discursos y comunicaciones oficiales deberán adoptar progresivamente las nuevas siglas. Está por ver si el cambio trascenderá la Administración estadounidense y será adoptado por empresas, investigadores y otros gobiernos, o si coexistirán dos lenguajes: el político de Washington y el técnico utilizado internacionalmente por la comunidad científica.

Lo que ya no es una propuesta es la instrucción dentro del Gobierno federal. Desde el 29 de septiembre de 2026, la Administración Trump ha entrado oficialmente en lo que su propia orden ejecutiva denomina «la era de la Super Intelligence». El cambio de nombre no hace que los modelos sean más inteligentes ni altera por sí mismo sus capacidades. Pero sí revela hasta qué punto la batalla por la inteligencia artificial ya no se libra únicamente en los chips, los modelos, los centros de datos y los laboratorios. También se libra sobre las palabras utilizadas para explicar qué es esta tecnología, qué puede llegar a ser y cómo quiere Estados Unidos presentarla al mundo.

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