El ordenador cuántico del Barcelona Supercomputing Center alcanza los 35 cúbits, se integra en MareNostrum 5 y queda abierto a investigadores, administraciones y empresas a través de la Red Española de Supercomputación: España ya no solo experimenta con tecnología cuántica, empieza a operarla.
España ha dado un paso relevante en la carrera por la computación cuántica. El Gobierno ha anunciado la ampliación de la capacidad del ordenador cuántico instalado en el Barcelona Supercomputing Center-Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS), una infraestructura que ha completado su evolución con un nuevo procesador de 35 cúbits y que queda a disposición de la comunidad investigadora, pública y empresarial a través de la Red Española de Supercomputación. La operación forma parte de Quantum Spain, una iniciativa impulsada por el Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública a través de la Secretaría de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, con una inversión de 22 millones de euros.
El anuncio no es solo una mejora técnica. Es un movimiento de política industrial, científica y tecnológica. España quiere situarse en el mapa europeo de las tecnologías cuánticas no únicamente como consumidora de capacidades desarrolladas en otros países, sino como país capaz de construir, desplegar, operar y abrir al ecosistema una infraestructura cuántica propia. En un contexto internacional marcado por la competencia entre Estados Unidos, China y Europa por el dominio de la computación avanzada, la ciberseguridad, la inteligencia artificial y la soberanía digital, disponer de hardware cuántico accesible en territorio español tiene un valor estratégico.
La infraestructura cuántica del BSC, denominada MareNostrum Ona, ha incorporado un nuevo chip de 35 cúbits desarrollado con tecnología europea. Según Quantum Spain, el sistema ha evolucionado de forma progresiva desde una capacidad inicial de 5 cúbits hasta alcanzar su configuración actual, instalada recientemente. El proyecto está integrado en MareNostrum 5, lo que permite explorar esquemas híbridos donde la supercomputación clásica y la computación cuántica trabajen de forma coordinada.
Ese punto es esencial. La computación cuántica no llega para sustituir de inmediato a la computación clásica. Durante años, su despliegue real dependerá de arquitecturas híbridas: superordenadores convencionales capaces de gestionar enormes volúmenes de datos, lanzar simulaciones, procesar resultados y coordinar tareas con procesadores cuánticos especializados. La potencia no estará solo en el número de cúbits, sino en la capacidad de integrarlos en infraestructuras ya operativas y en ponerlas al servicio de problemas científicos, industriales y tecnológicos concretos.
El BSC es un lugar natural para esa convergencia. MareNostrum 5 ya es una de las grandes infraestructuras europeas de supercomputación, y la incorporación de particiones cuánticas refuerza su papel como laboratorio de futuro. El salto de MareNostrum Ona no debe medirse únicamente como una cifra —35 cúbits—, sino como una transición hacia la cuántica operacional. Alba Cervera, investigadora del BSC y coordinadora de Quantum Spain, lo resumió señalando que el proyecto buscaba pasar de ordenadores cuánticos experimentales al despliegue de una máquina operacional y, sobre todo, mantener un modelo abierto para que grupos de investigación y empresas puedan acceder a hardware real integrado en un supercomputador.
La idea de acceso abierto es una de las claves del anuncio. En muchos países, las capacidades cuánticas quedan encerradas en laboratorios privados, grandes corporaciones o centros de investigación con acceso restringido. Quantum Spain plantea una lógica distinta: abrir la infraestructura mediante la Red Española de Supercomputación para que universidades, centros públicos, empresas y administraciones puedan experimentar con hardware cuántico real. Esto puede acelerar el aprendizaje colectivo, generar casos de uso, formar talento y evitar que la tecnología quede concentrada en un grupo reducido de actores.
La Red Española de Supercomputación se convierte así en el canal que democratiza el acceso. No se trata solo de tener una máquina más potente, sino de integrarla en una red nacional de capacidades científicas. Para investigadores, significa poder probar algoritmos en hardware real. Para empresas, supone una vía de aproximación a una tecnología que puede parecer lejana pero que empieza a ser relevante en sectores como química, materiales, logística, energía, finanzas, criptografía, inteligencia artificial o simulación. Para la administración, representa una infraestructura estratégica sobre la que construir conocimiento propio.
La computación cuántica sigue estando lejos de resolver de forma general problemas industriales a gran escala, y conviene evitar el triunfalismo. Los sistemas actuales son todavía ruidosos, sensibles a errores, difíciles de escalar y dependientes de entornos de operación muy exigentes. Pero la fase actual no consiste en prometer una sustitución inmediata de la computación clásica, sino en preparar el terreno: aprender a programar, diseñar algoritmos, formar especialistas, probar arquitecturas, medir límites, construir cadenas de valor y conectar investigación con industria.
Ahí reside la importancia de Quantum Spain. El proyecto, iniciado en 2022, ha sido coordinado por el BSC y cuenta con la participación de 27 instituciones de referencia en investigación y supercomputación, incluidos 14 nodos de la Red Española de Supercomputación, además del CSIC, el ICFO y universidades como la Universidad de Barcelona, la Universidad Autónoma de Madrid o la Universidad Politécnica de Valencia. No es una iniciativa aislada de un centro, sino una estructura de país que intenta articular capacidades distribuidas.
La participación de empresas españolas también es relevante. Quantum Spain señala que el sistema ha sido instalado y puesto en marcha por la UTE española Qilimanjaro-GMV, basado en tecnología superconductora e integrado en MareNostrum 5. Este dato es importante porque conecta ciencia, ingeniería y capacidad industrial. En tecnologías estratégicas, no basta con comprar equipamiento: importa saber diseñarlo, integrarlo, mantenerlo, escalarlo y formar proveedores locales capaces de participar en la cadena de valor.
El anuncio se enmarca además en la Estrategia de Tecnologías Cuánticas de España 2025-2030, presentada por el Gobierno con un presupuesto estimado de 808 millones de euros y la posibilidad de atraer inversión pública y privada hasta elevar la movilización total a unos 1.500 millones. La estrategia se articula en tres grandes áreas: computación, comunicaciones y sensórica, y busca reforzar el ecosistema español tanto de investigación como de mercado.
La secretaria de Estado de Digitalización e Inteligencia Artificial, María González Veracruz, ha vinculado el anuncio con esa estrategia más amplia, subrayando que las tecnologías cuánticas deben fortalecer la soberanía digital, mejorar la competitividad y garantizar un desarrollo responsable y seguro. La frase conecta con una de las grandes preocupaciones europeas: no repetir en computación cuántica la dependencia que Europa arrastra en semiconductores, nube, plataformas digitales o inteligencia artificial fundacional.
La computación cuántica es estratégica porque puede alterar varios equilibrios a la vez. En ciencia, permitirá simular sistemas físicos y químicos con una precisión difícilmente alcanzable para máquinas clásicas. En farmacia, puede ayudar a explorar moléculas y materiales. En energía, puede optimizar redes o acelerar el diseño de nuevos compuestos. En logística, puede mejorar problemas de optimización compleja. En finanzas, puede transformar modelos de riesgo. En ciberseguridad, puede poner en cuestión parte de la criptografía actual y obligar a desplegar mecanismos poscuánticos. En inteligencia artificial, puede abrir nuevas formas de cálculo, aunque muchas de sus promesas siguen en fase de investigación.
La propia Estrategia de Tecnologías Cuánticas del Gobierno señala aplicaciones prácticas como la planificación ultraprecisa de redes eléctricas, el descubrimiento de nuevos fármacos o la simulación de riesgos climáticos. También identifica la privacidad poscuántica como un nuevo desafío de derechos digitales, porque los futuros ordenadores cuánticos podrían romper sistemas criptográficos hoy ampliamente utilizados.
Ese punto es especialmente importante. La carrera cuántica no es solo una carrera por resolver cálculos más rápido. Es una carrera por proteger información crítica. Estados, bancos, infraestructuras energéticas, hospitales, comunicaciones militares y servicios digitales dependen de sistemas criptográficos que podrían volverse vulnerables cuando la computación cuántica alcance suficiente escala. Prepararse ahora no es exageración futurista: es gestión de riesgo. La transición hacia criptografía poscuántica exigirá años de adaptación, inventario de sistemas, estándares, migración tecnológica y coordinación internacional.
España intenta posicionarse también en comunicaciones cuánticas. La estrategia nacional incluye la creación de un Hub de Comunicaciones Cuánticas, con una inversión de 10 millones de euros, destinado a impulsar casos de uso, investigación en fotónica cuántica y formación. Este ámbito es relevante porque las comunicaciones cuánticas prometen nuevos niveles de seguridad en transmisión de información, especialmente para entornos críticos.
La ampliación del ordenador del BSC se suma a otro hito reciente: la puesta en marcha del ordenador cuántico EuroQCS-Spain en el BSC-CNS, cofinanciado por el Gobierno de España y la Comisión Europea con una inversión de 9,8 millones de euros. Este sistema añade capacidades de codificación analógica complementarias al sistema cuántico ya instalado e integra a MareNostrum 5 en una arquitectura que combina computación clásica, cuántica digital y cuántica analógica.
La combinación de MareNostrum Ona y EuroQCS-Spain refuerza la idea de que el BSC no se limita a alojar un ordenador cuántico, sino que está construyendo un entorno de experimentación cuántica completo. Según el Ministerio de Ciencia, EuroQCS-Spain se integrará en la red europea de ordenadores cuánticos de EuroHPC, que está desplegando máquinas en distintos países europeos. Esta conexión europea es decisiva: ningún país puede competir solo en una tecnología tan costosa, compleja y estratégica.
La presencia de tecnología 100% europea es otro mensaje político. En el caso de EuroQCS-Spain, el desarrollo del chip y del software ha sido realizado principalmente por Qilimanjaro Quantum Tech, con manufactura física del chip en Gotemburgo. La secretaria de Estado María González Veracruz destacó que este tipo de iniciativas sitúan a España en una posición “inimaginable hace tan solo cinco años”: no importar tecnología, sino crearla.
La soberanía tecnológica no significa autarquía. España no va a construir sola todos los componentes de la computación cuántica global. Pero sí puede decidir en qué nichos quiere tener capacidad propia, qué infraestructuras quiere operar, qué empresas quiere fortalecer, qué talento quiere formar y cómo se integra en cadenas europeas de valor. En tecnologías profundas, la soberanía se juega en grados: conocimiento, propiedad intelectual, capacidad industrial, acceso a infraestructura, estándares, talento y participación en proyectos internacionales.
El ordenador cuántico de 35 cúbits del BSC también tiene una dimensión pedagógica. Durante años, la computación cuántica ha sido percibida por buena parte de la sociedad como una promesa abstracta, casi incomprensible. Abrir la infraestructura a investigadores y empresas puede ayudar a convertirla en una herramienta concreta. Los usuarios podrán experimentar, fracasar, aprender, comparar resultados, diseñar algoritmos y formar una comunidad práctica. Sin esa comunidad, una infraestructura avanzada corre el riesgo de convertirse en un símbolo vacío.
El reto de talento será enorme. España necesitará físicos, matemáticos, ingenieros, informáticos, especialistas en criogenia, expertos en control cuántico, desarrolladores de software, perfiles de ciberseguridad poscuántica, gestores de producto y profesionales capaces de traducir problemas industriales a formulaciones cuánticas. La estrategia nacional reconoce precisamente la necesidad de reforzar capacidades, infraestructuras, investigación y talento.
La convergencia entre IA y cuántica será otro punto estratégico. La Estrategia de Tecnologías Cuánticas incluye como prioridad la algoritmia y la convergencia tecnológica entre inteligencia artificial y cuántica. Esto no significa que la computación cuántica vaya a sustituir a la IA actual, sino que pueden aparecer nuevas formas de optimización, simulación y aprendizaje en determinados ámbitos. La relación será compleja: la IA puede ayudar a diseñar experimentos cuánticos, controlar sistemas, optimizar calibraciones o analizar datos; la cuántica, a su vez, puede ofrecer herramientas específicas para ciertos problemas computacionales.
El anuncio también debe leerse en clave empresarial. Disponer de acceso abierto a hardware cuántico real permite que startups, pymes tecnológicas, consultoras, laboratorios corporativos y grandes empresas empiecen a desarrollar capacidades sin depender exclusivamente de proveedores extranjeros. Puede favorecer la aparición de servicios, software, algoritmos, formación, consultoría, herramientas de simulación y casos de uso sectoriales. En una tecnología emergente, llegar pronto no garantiza liderazgo, pero llegar tarde sí suele garantizar dependencia.
Barcelona gana además peso como nodo científico europeo. El BSC ya es una referencia en supercomputación, inteligencia artificial, modelización climática, ciencias de la vida, ingeniería y tecnologías digitales. La integración de computación cuántica refuerza su posición dentro de la estrategia europea de infraestructuras científicas. La remodelada Torre Girona y MareNostrum 5 se convierten así en un espacio donde conviven historia arquitectónica, supercomputación clásica y nuevas máquinas cuánticas.
El desafío ahora será pasar del anuncio a los resultados. Las infraestructuras científicas necesitan uso real, proyectos exigentes, métricas de impacto, colaboración empresarial y continuidad presupuestaria. No basta con instalar procesadores. Hay que mantenerlos, actualizarlos, conectarlos a software útil, documentar su rendimiento, facilitar el acceso, reducir barreras administrativas y generar una comunidad activa de usuarios.
También hará falta una comunicación prudente. La computación cuántica ha sufrido durante años un exceso de promesas. Algunos discursos la presentan como una solución inmediata para todo, desde el cambio climático hasta la medicina personalizada o la inteligencia artificial general. Esa narrativa puede generar frustración si los resultados tardan. La mejor estrategia es explicar con claridad qué puede hacer hoy, qué no puede hacer todavía y por qué es importante aprender a usarla antes de que alcance madurez plena.
El salto a 35 cúbits no convierte de golpe a España en líder mundial de computación cuántica universal. Pero sí representa un avance real en infraestructura, acceso y capacidad tecnológica propia. En el mundo cuántico, los números importan, pero no lo son todo. Importan también la calidad de los cúbits, la conectividad, los errores, la estabilidad, la integración con sistemas clásicos, el software, el acceso y la comunidad de usuarios. Por eso el valor de MareNostrum Ona está tanto en su procesador como en su ubicación dentro de un ecosistema de supercomputación.
La dimensión europea será decisiva. La Comisión Europea quiere hacer de Europa un líder mundial en tecnologías cuánticas de aquí a 2030, consolidando soberanía tecnológica, competitividad industrial y seguridad. EuroHPC está construyendo una red de ordenadores cuánticos interconectados en distintos países. España participa en esa arquitectura desde el BSC, y eso le permite no quedar al margen de los estándares, proyectos y alianzas que definirán la próxima década.
La conclusión es clara: la ampliación del ordenador cuántico del BSC no es una anécdota técnica ni una carrera simbólica por sumar cúbits. Es una pieza de una estrategia más amplia para que España desarrolle capacidades propias en una tecnología que puede afectar ciencia, industria, seguridad, privacidad e inteligencia artificial. Quantum Spain ha completado una hoja de ruta importante: construir una infraestructura cuántica operativa, europea, integrada en MareNostrum 5 y abierta a la comunidad.
Ahora empieza la fase más difícil: convertir esa infraestructura en conocimiento, casos de uso, empresas, talento, publicaciones, patentes, aplicaciones y soberanía efectiva. La cuántica no será una promesa creíble por lo que anuncie, sino por lo que permita hacer. Con MareNostrum Ona, España ha encendido una máquina que no solo calcula: también mide la ambición tecnológica de un país que quiere estar dentro de la próxima gran frontera digital.